4º Domingo Cuaresma - B

viernes, 13 de marzo de 2009
22 Marzo 2009

2 Cronicas: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.
Efesios: Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.
Juan: Nicodemo, el invitado nocturno.


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Juan García Muñoz.

1 comentarios:

{ Francisco Echevarria } at: 13 marzo, 2009 21:19 dijo...

NACER DE NUEVO (Jn 3,14-21)

Cuenta san Juan en su evangelio que un fariseo notable se entrevistó con Jesús en la noche y estuvieron hablando larga y profundamente de religión. Parece que el punto central fue la necesidad de una renovación radical de las personas y de las instituciones. Para referirse a ello Jesús utilizó la metáfora del nuevo nacimiento. Es una buena imagen para expresar que el cambio, si es profundo, para consolidarse necesita un cambio de las formas -¡Odres nuevos para el vino nuevo!-; aunque la cosa no funciona al revés pues, no pocas veces un cambio en la superficie sólo es una maniobra para distraer la atención de la gente y no cambiar en las profundidades.

¡Cambiemos algo -piensan algunos- para que todo siga igual! ¡Hagamos como que todo ha cambiado para que la gente viva con la ilusión de que las cosas van mejor! No era Jesús de éstos, no era hombre de medias tintas, de imprecisiones y ambigüedades. Le gustaba ir derecho al grano y plantear las cosas abiertamente. Por eso insistía en que el sí era sí y el no, no. No tenía el doble lenguaje con el que tantas veces tropezamos en el curso de la vida.

Ese buscar el fondo, ir derecho al asunto y plantear las cosas abiertamente le acarreó no pocos problemas. Pero esta postura ante la vida y los otros no es el descaro, la intolerancia y el fanatismo del que se siente dueño absoluto de la verdad, sino la manifestación de un convencimiento que se arraiga en los valores que animan su vida. En el diálogo con Nicodemo al que nos estamos refiriendo aparecen palabras como amor, entrega, vida, luz y verdad. Esos son sus valores. Su contrapunto es el egoísmo, la ambición, la muerte y la mentira.
Hoy los jóvenes, para el duro viaje de la vida, necesitan un buen equipaje de valores. De lo contrario, la sensación del vacío será tan fuerte que se entregarán al vértigo -para tener la ilusión de vivir más porque viven más deprisa- y buscarán la saturación de los sentidos -que no les traerá más felicidad sino embotamiento de la sensibilidad y del pensamiento-. El reto que tienen ante sí es nacer de nuevo. Sólo así tienen futuro. De lo contrario, aunque sean jóvenes, pertenecen al pasado. ¡Serán como vino nuevo en odres viejos! En cierta ocasión, Jesús miró a un joven a los ojos y le dijo: abandona todo tu pasado y sígueme. Pero el joven agachó la mirada y se alejo triste porque estaba atrapado. Sus seguridades eran su cárcel. Le invitó a nacer de nuevo, pero el miedo le heló el corazón.

Dios es un Dios de libertades. La vida es un don absolutamente gratuito e inmerecido, pero no hace violencia al hombre para que lo acepte. Éste puede cansarse hasta de la libertad y volver la espalda al único que se la puede garantizar -como le ocurrió a Israel-. Dios, no obstante, se sirve de mil instrumentos para avisar del desastre hacia el que camina el que olvida la fidelidad. Pero la obcecación puede ser muy grande y llevar al hombre a la burla y el desprecio del designio de Dios.

A pesar de todo, siempre hay un tiempo para la misericordia que saben aprovechar los hijos de la luz. Son los que comprenden que no hay que resistirse al amor, que hay que abrirse al don, aceptarlo con fe y dejar que se manifieste en nosotros. Eso es caminar hacia luz.

Por eso la vida cristiana está libre de temor: porque el amor ha desplazado todos los miedos y la turbación (1Jn 4,18).

FRANCISCO ECHEVARRÍA