DOM-5ºC

domingo, 31 de enero de 2016
7 FEBRERO 2016

5º DOM-C

5 comentarios:

Paco Echevarría at: 31 enero, 2016 18:13 dijo...

PESCADORES DE HOMBRES (Lc 5,1–11)

En la Biblia, el mar no es sólo un lugar. Para una cultura de tierra adentro como aquella, estaba cargado de misterio y peligro. Por eso no es extraño que llegaran a considerarlo símbolo del caos y de la muerte y ámbito de los poderes demoníacos. Debido a ello, está muy presente en la vida de Jesús: camina sobre sus aguas, calma la tempestad y enseña al pueblo desde una barca, es decir, sobre sus aguas. El Mesías muestra así que los infiernos -los reinos inferiores, los demonios- no tienen poder sobre él. La escena de la pesca, que Lucas nos cuenta, muestra a los discípulos cuál ha de ser en adelante su tarea junto a él: sacar el mar -del dominio del mal- a quienes están atrapados en él. Hasta la llegada de Jesús, la lucha contra el mal había sido un bregar contra lo imposible sin obtener resultados -“Hemos pasado la noche bregando” le dicen-; a partir de él -“por tu palabra”- será un prodigio que sorprenderá a todos.

Estamos ante dos estrategias frente al mal y los males del mundo. Una está representada por los que acompañan a Jesús. Son pescadores y saben que los grandes peces suben a la superficie durante la noche y que es entonces la hora de la pesca mejor. Es la estrategia de lo humano basada en el saber, la astucia y la lucha personal en busca de triunfos. La otra es la estrategia de lo divino basada en la sabiduría de Dios, que no busca el éxito, sino el bien.

Frente a los problemas del mundo caben esas mismas dos posturas. Unos creen que es cuestión de habilidad y de técnica. La ciencia -vienen a decir- es poder y el poder es un dios al que se debe servir; todo lo que pueda hacerse debe hacerse, sin más límite que los propios límites; cuando logremos dominar todos los saberes y poseamos todas las técnicas, los males del mundo desaparecerán. La otra postura es la de los que creemos que el asunto es más complejo y que la erradicación del mal -en todas sus manifestacio¬nes- no es posible dejando a Dios de lado. El objetivo no es dominar al mundo, sino salvar a la humanidad. La lógica de lo divino puede parecer menos realista, pero, a la larga, resulta más eficaz.

No es que veamos con malos ojos el progreso técnico y científico. Pero nos dan miedo quienes hacen de ello un absoluto. No es el religioso el único fanatismo posible. También hay un fanatismo científico y un fanatismo político y cultural y... La planta del fanatismo y la intolerancia -con los extremos que conlleva- puede crecer en todos los campos. Tenemos, por desgracia, demasiadas pruebas de que lo que un fanático puede hacer a sus semejantes cuando pierde la conciencia del límite y justifica cualquier cosa que contribuya a sus intereses. La única manera de evitarlo es no perder de vista que el único objetivo justo es el bien del hombre y que, por ello, las exigencias éticas deben prevalecer sobre otros intereses. No puede hacerse todo lo posible, si ello atenta contra la dignidad del ser humano.

Francisco Echevarría

Maite at: 02 febrero, 2016 21:16 dijo...

Al verse en presencia del Señor, Isaías, Pablo y Pedro se sienten sobrecogidos e indignos. Isaías ve al Rey y Señor de los ejércitos, él, hombre de labios impuros. Pablo, perseguidor de la Iglesia de Dios, no es digno de llamarse apóstol. Pedro es un pecador que se pasa la noche bregando sin coger nada. Pero Dios los elige y purifica a Isaías, trabaja a Pablo con su gracia y llama a Pedro a su seguimiento. Envía a Isaías, hace de Pablo su apóstol y de Pedro un pescador de hombres. Nada será fácil para ellos pero vivirán su misión y entregarán la vida por ella.

Nosotros, con nuestros labios impuros, también podemos ver al Señor y ser perdonados por él, aceptar el Evangelio y dejar que nos salve. Solo tenemos que estar dispuestos a dejar que Jesús suba a nuestra barca y lleve el timón. Solo tenemos que dejar que él marque el ritmo, los tiempos y lugares, o pasaremos las noches bregando sin coger nada. Tengamos los oídos atentos para escuchar su voz: Rema mar adentro y echa las redes para pescar.

No importa que yo sea el menor de los apóstoles; no soy yo quien trabaja, sino la gracia de Dios conmigo, y por su gracia soy lo que soy. Pero sí está en mí que esa gracia no se frustre, no caiga en saco roto.

Con el salmista puedo entonces dar gracias al Señor de todo corazón, por su misericordia y lealtad, por su salvación. Confiar en que él completará sus favores conmigo, pues ninguna obra suya queda inacabada y jamás abandona lo que tiene entre sus manos. Ahí estoy yo, y aunque me envuelva la oscuridad y me asusten las tormentas, remo mar adentro, porque el Señor va en la barca conmigo, y una y otra vez, en su nombre, echaré las redes para pescar.

{ ALBERTO ROA TUDANCA } at: 06 febrero, 2016 10:40 dijo...

Quiero manifestar hoy sobre el comentario propio de las hojas de estas lecturas, la profundidad , la clara comprensión, las exigencias concretas, la sublime explicación sobre el territorio de Galilea, la exposición tan perfecta de la necesidad de las dos facetas del cristianismo ( escucha de la palabra en oración y servicio ) ( y si unimos a éstas la evangelización y la vida en comunidad sería esa mesa con cuatro patas ,imprescindibles todas y cada una, para el correcto ser y sentir cristiano) QUE ME HA EMOCIONADO E INTERPELADO. Hoy me siento un poco" mas pescado por Jesús " que otros días y a su vez que necesita que siga siendo " pescador de hombres y mujeres para su causa " que no deja de ser la nuestra.
DEMOS GRACIAS MAS A MENUDO A DIOS Y DEJÉMONOS DE PEDIR Y PEDIR, DE PEDIR Y PEDIR SOLAMENTE.
AMEN

{ ALBERTO ROA TUDANCA } at: 06 febrero, 2016 10:41 dijo...

AMEN. AMEN

juan antoniio at: 06 febrero, 2016 18:01 dijo...

La protagonista de las lecturas que nos propone la liturgia para este Domingo, no es otra que la Palabra de Dios, centro de la celebración eucarística.
Isaías, precedida de las escenas apocalípticas, podríamos decir, escucha la voz del Señor ¿a quién mandaré? Y de inmediato la respuesta del profeta, aquí estoy, mándame.
S. Pablo recuerda a los corintios el Evangelio que les proclamó
Y en el Evangelio podríamos distinguir tres escenas, Jesús que dirige la Palabra desde la barca; la invitación a Pedro a echar de nuevo las redes, pese al fracaso nocturno y las palabras dirigidas a Pedro haciéndolo pescador de hombre, aunque es en el capítulo seis cuando los eliges y los nombra como apóstoles.
La reflexión que me hago no es otra sino cual es el significado de la Palabra de Dios para mí, la leo sin más, la oigo con agrado cuando la proclaman o la hago vida, poniéndola en el centro de mi sentir, pensar y actuar.
Podemos responder como Isaías, de inmediato, o podemos poner peros como Pedro, ya soy mayor, no tengo cualidades para esto, no tengo preparación (¡anda que los doce!) y así mil y un reparo para no aceptar aquello que me pide la Palabra de Dios, entre otras cosas llevarla a todos los rincones del mundo y “no temáis que yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”, llevarlas dejándonos llevar por Él, siendo colaboradores unos de otros, trabajando por el Reino, en mil cosas que todos podemos realizar.
Primero con nuestra vida y segundo haciendo Iglesia en la Parroquia, saliendo de nosotros y llegando a los demás, pues como decía el beato Pablo VI, escuchan mejor a uno que hace lo que dice que a uno que solo dice.
Madre de Dios, dichosa porque confiaste en su Palabra, ayúdanos a decir sí a tu Hijo, AMEN.