DOM-22A

domingo, 27 de agosto de 2017
3 SEPTIEMBRE 2017          

DOM-22A

3 comentarios:

Paco Echevarría at: 27 agosto, 2017 18:55 dijo...

EL SEGUIMIENTO DE JESÚS (Mt 16,21-27)

Como buen pedagogo, Jesús no se mostró a sus discípulos de una vez, sino poco a poco, en la medida en que estaban preparados para conocer lo que se refería a su destino. Esperó a que tuvieran claro que era el mesías esperado para hablar de su pasión y muerte. Ya anteriormente les había advertido que iba a tener dificultades (Mt 10,24s), pero jamás se pudieron imaginar el tipo de problemas que le aguardaban. Cuando emprenden el camino hacia Jerusalén donde van a tener lugar hechos difíciles de entender y de aceptar, Jesús habla abiertamente de la muerte que le aguarda. No disimula la crudeza de las cosas para evitarles decepciones o desengaños, sino que habla crudamente.

La reacción de Pedro -“No permita Dios que te pase nada de eso”- indica que lo entendieron perfectamente. Pero la respuesta de Jesús no puede ser más clara: “Apártate de mi, Satanás. Piensas como los hombres, no como Dios”. El Satán era el ministro de la corte divina encargado de tentar a los hombres para comprobar su fidelidad -con el tiempo pasó a ser uno de los nombres del diablo-. Pedro está poniendo tropiezos a Jesús en el cumplimiento de su misión porque su entender se ajusta más a los criterios de los hombres que a los criterios de Dios. Y es que resulta muy difícil a la lógica humana entender la cruz y más aún que sea el camino hacia la vida. El escándalo de la cruz es uno de los argumentos que se utilizan para rechazar a Dios, porque -dicen- o Dios puede evitar el sufrimiento y no quiere hacerlo -lo que indica que no es bueno- o quiere evitarlo, pero no puede hacer -lo que indica que no es poderoso-. En ningún caso es Dios. La argumentación es ingeniosa, pero no resuelve nada: ni el problema del sufrimiento ni el interrogante sobre Dios.

En las palabras que siguen, Jesús expone su punto de vista siguiendo la lógica de Dios. Seguirle a él exige la renuncia a sí mismo, que no es resignación, sino elección. No se trata de aguantarse con el malestar de las cosas, sino de renunciar libre y alegremente a lo pasajero para alcanzar lo permanente. Hay un dicho popular que refleja este pensamiento: No se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. El que no renuncia a algo, no puede conseguir algo; el que lo pretenda todo tiene que renunciar a todo. No es un trabalenguas ni un acertijo; es una ley de la vida. La segunda condición es cargar con la cruz. La cruz de la que aquí se habla se refiere a la del seguimiento de Jesús, es decir, a las dificultades que conlleva creer en él. La tercera condición es seguir sus pasos. No se trata de ganar el mundo -¿de qué sirve si se pierde la vida?-, sino de servir al reino de Dios, que no conlleva grandeza humana sino humilde servicio a los más pobres.

Éste era el estilo de Jesús: claro y radical. Disimular las exigencias para conseguir seguidores sólo es una manera de ahorrar para el fracaso.

juan antonio at: 28 agosto, 2017 18:23 dijo...

SEGUIR A JESÚS
El hombre de hoy, como el de ayer y el de todos los tiempos, sigue preguntándose y repreguntándose por muchas cosas, de donde vengo, a donde voy, que hay antes y después de mi existencia, y también se pregunta por el dolor, el sufrimiento, las enfermedades…, en definitiva qué soy en este mundo: cuestiones todas que el hombre por sí solo aún no ha llegado a conocer pese a todos los adelantos de la ciencia, del saber, de las investigaciones: el hombre para llegar a ese punto necesita de la fe, porque sin ella, sin creer en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu, sin ese encuentro con Jesús que nos revela a Dios uno y trino, el hombre no llegaría lejos, llegaría muy cortito, por cuanto el hombre es algo más que lo que se ve y con ello el entendimiento del sufrimiento sería igualmente, desde el punto de vista del cristiano, muy distinto al de la desesperación, la revelación, o el hundimiento, sino asumiendo el sufrimiento en el seguimiento fiel a Cristo, como nos dice la hoja.
¡Me sedujiste, Señor y me dejé seducir!
Dios empieza por seducirnos, como nos dice el profeta Jeremías y por ello acepto a Jesús el Cristo, Dios y Hombre, resucitado y vivo, que camina conmigo y que me pide que siga la construcción del Reino y para ello, tendré que luchar, como nos dice la hoja, contra todo sufrimiento, no sólo el físico, sino el moral, el psíquico, todo el sufrir del hombre, como hizo Jesús.
Pero aún con eso la Cruz de Cristo y la negación de uno mismo, está en otra parte, porque la cruz “” no es sino el sufrimiento que nos llegará como consecuencia de ese seguimiento, el destino doloroso que habremos de compartir con Cristo si seguimos realmente sus pasos””, defendiendo la justicia y el derecho desde el sitio en que nos ha tocado desarrollar nuestra vida, nuestro trabajo, nuestro vivir, no solo rezando sino luchando públicamente, en la política, en los sindicatos, en las asociaciones e instituciones para hacer una vida más digna a la persona , imagen del Dios vivo.
“”Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir””
Y sigue con sus exigencias, negarme a mis mismo, que no es otra cosa que no vivir pendiente de uno mismo, olvidarse del propio ego y mirar a Jesús y asumir “la inseguridad, el rechazo o la persecución que hubo de padecer el mismo Crucificado”, y en Occidente tenemos una vida de cristiano que nos hace caer en la laxitud de nuestro encuentro con Cristo vivo, no tenemos problemas, aparentemente, que los hay, pero no tan duro como en Oriente, en la propia Palestina, en muchos lugares de África y Asía, donde ser cristiano, seguidor de Jesús, sigue costando la vida.
Con nuestra negación y nuestra cruz, tenemos que presentar nuestros cuerpos, como nos dice Pablo, como hostias vivas, agradable a Dios, siendo ese nuestro culto razonable.
¡Cuántas zarandajas nos hemos buscado! Cuando lo tenemos todo aquí.
¡Me sedujiste, Señor y yo ¿me dejé seducir o te hice frente, te rechacé?, de todo tenemos en nuestro caminar, pues nuestra debilidad y fragilidad nos traiciona, pero tu misericordia es más grande.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos en el seguimiento de tu Hijo, AMEN

Maite at: 29 agosto, 2017 18:18 dijo...

En la historia de amor de Jeremías con Dios, como en la del salmista, Pablo o Pedro, hay momentos dulces y amargos. En los primeros Jeremías se siente seducido y enamorado; en los segundos engañado, burlado y frustrado. Pero la Palabra ha calado hondo en él; tanto que es fuego ardiente en sus entrañas y no puede contenerla, como el salmista, Pablo o Pedro.

Todos ellos han aprendido, a lo largo del camino de la fe, a ofrecer sus vidas a Dios. Se han puesto a su servicio con todo lo que eran y tenían, y eso incluía las dudas, los miedos, los límites y equivocaciones.

Pedro, que ahora es piedra de tropiezo para Jesús, le ha confesado también como Mesías. Unas veces actúa movido por el Espíritu, como entonces, y otras se mueve por sí mismo, como ahora, y no acierta.

Solo hay un camino para seguir a Jesús: el de la entrega de la propia vida, como exhorta también Pablo. Y una condición para perseverar en la negación de uno mismo y cargar con la propia cruz o perder la vida por el proyecto de Jesús: un corazón que en medio de todas las dificultades y tropiezos arde seducido y enamorado con un fuego incontenible.