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Estas hojillas, que podéis bajaros, nacieron en la Parroquia de San Pablo (Fuentepiña, barriada obrera de Huelva) y la siguen varios grupos desde hace años en su reflexión semanal. Queremos ofrecerlas desde la sencillez y el compromiso de seguir a Jesús de Nazaret.
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2 comentarios:
ENDIOSADOS (Jn 1,29-34)
El Bautista vuelve a aparecer en escena para darnos su testimonio sobre Jesús. En el evangelio de Juan, este pasaje viene a aclarar el papel del último de los profetas en relación con el mesías, porque –según se desprende de los escritos–, para algunos de sus seguidores, Juan era el mesías que habían estado esperando; otros comprendieron su papel y se unieron al grupo de los discípulos de Jesús.
Tras los textos se descubre un fenómeno harto frecuente en los grupos demasiado centrados en un líder carismático. Cuando surge un hombre con carisma por su vida o su enseñanza, ocurre que, muy pronto, se crea a su alrededor un grupo de seguidores fascinados por su personalidad. Con el tiempo -sin que el líder lo pretenda, aunque frecuentemente lo consienta- el grupo empieza a reconocerle un papel y unas atribuciones que sobrepasan el liderazgo.
Como puede verse, el fenómeno de los liderazgos personales no es nuevo. Suele darse en todos los tiempos, sobre todo en situaciones de crisis moral. Son hombres con buenas intenciones y con una sana inquietud que, dotados de un carisma especial, logran que otros se identifiquen con sus enseñanzas. A medida que aumenta el grupo, crece su influencia y su poder y, poco a poco, va surgiendo la organización y con ella el poder del líder. Es ése un momento crítico en el que las cosas pueden tomar dos caminos: si es un hombre de fe, se replegará para dar paso al Espíritu; pero, si su compromiso es más producto de complejos no reconocidos o traumas no superados que manifestación del Espíritu, dejará que crezca el culto a su persona, aumentará el dominio sobre los que le siguen y la pleitesía por parte de éstos. Con el tiempo, es visto como poseedor de una revelación superior que hace indiscutible su autoridad y sus enseñanzas, se anula toda crítica interna, empiezan a aparecer los miedos y las jerarquías en función de la mayor o menor cercanía del líder, crece el poder económico, aparece el recurso a técnicas de presión moral y psicológica sobre la base de que está inspirado por Dios... Estamos ante un proceso de endiosamiento y de gestación, si no una secta, sí al menos de un grupo con alto contenido sectario. Sólo cuando el iniciador posee gran altura moral evita este riesgo. Pero es tan grande la vanidad y la capacidad de autoengaño del ser humano, que no es frecuente encontrar hombres que se nieguen a ser convertidos en dioses por quienes les admiran y les siguen, olvidando que no hay más gloria que la gloria de Dios y participar en ella es la única gloria que merece la pena. Las grandezas humanas son flor de un día. Juan Bautista tenía la grandeza de ánimo de los verdaderos profetas. Por eso dijo “Es necesario que él crezca y que yo disminuya”. Jesús reconoció esa grandeza al afirmar que era el más grande los nacidos.
Ser dioses ha sido y es una tentación permanente para el ser humano y, en el mundo de la política, se ha sucumbido muchas veces a ella con terribles consecuencias para los pueblos sometidos a esos dioses con pies de barro. Pero es doble pecado cuando se da en el mundo religioso. Trabajar con Dios no siempre es trabajar por él. A veces sólo es un pretexto para encaramarse en su trono.
JESÚS, EL ENVIADO. JUAN, EL TESTIGO
Las gentes de Israel que fueron deportadas y después liberadas no tenían el mismo pensamiento religioso, unos apostaban por abrir las puertas del Reino a las personas de todas las naciones pero otros creían que eran un grupo escogido y no podían mezclarse.
Isaías trabajó para que vivieran unidos y no enfrentados, el
Señor estaba contento, le manifestó que siempre estuvo a su lado y que no dejaría de ayudarle para que la luz llegara a todos.
En nuestros días también comprobamos que los deseos del Señor y los desvelos de personas como Isaías tampoco logran parar la máquina del mal pues siempre hay uno que quien tira la piedra pero, si miramos con la lupa de la sinceridad, vemos claro que el egoísmo siempre es el explosivo que los empuja a lanzarlas.
Juan bautizó a Jesús, fue testigo de la venida del Espíritu y recibió la confirmación de que era el Mesías anunciado.
Desde entonces Jesús es nuestro guía pero me pregunto… ¿Por qué se bautizó mayor y no siendo un bebé? ¿Si lo que hizo es nuestro camino por qué al bautizarnos no?
Si lo pidiéramos mayores sería porque nuestros padres nos mostraron a Jesús, estaríamos preparados para recibirlo, lo desearíamos y aceptaríamos la responsabilidad que tiene recibir el Espíritu Santo… ¿Puede hacerlo un bebé? ¿Somos conscientes los bautizados de que algunas personas mueven los hilos del guiñol mundial para poder vivir ellos en la opulencia a costa de la otra parte, esa que siendo mayoritaria sufre la injusticia, el no poder comer y no tener techo para dormir? ¿Hacemos algo para solucionar esa injusta realidad?
Pues Él nos enseñó lo que debíamos hacer con el prójimo de manera práctica: Dándole de comer, curándolo, devolviéndole la vida, denunciando las injusticias de los gobernantes… ¿Qué postura tomamos ante el declive de los principios morales de la sociedad y de los dirigentes locales, nacionales o mundiales?
No es justo generalizar porque también hay personas que hacen el bien pero la verdad sigue sin triunfar en nuestros días y sí lo hace la mentira, esa que ahoga sin cesar… ¿Por qué?
Porque la verdad requiere sacrificio y desinterés pero la mentira no y sí regala poder y dinero.
Pablo nos muestra el camino de la evangelización al viajar hasta Corinto para predicar, ciudad donde vivían gentes de diferentes lugares y culturas. En esta realidad convivían personas de religiones diferentes y eso hizo que el apóstol trabajara para que el mensaje de Cristo se conociera y los uniera, él frecuentaba la sinagoga y les mostraba el mensaje de Jesús pero no fue bien acogido por los judíos, tuvo que predicar en otro lugar de la ciudad y allí logró formar una comunidad cristiana. Los judíos lo acusaron, el juez no encontró delito y lo dejó en libertad.
El Señor estaba a su lado y un tiempo después se marchó a Éfeso, allí permaneció varios años, evangelizó con total dedicación y allí formó una buena comunidad.
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