DOMINGO-4ºA

lunes, 26 de enero de 2026
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2 comentarios:

Paco Pérez at: 27 enero, 2026 16:52 dijo...

EL SERMÓN DEL MONTE: ARREPETIMIENTO Y ENMIENDA
Sofonías les decía que, para agradar al Señor, debían ser humildes; hacer el bien y huir de la maldad; ser sinceros, moderados y justos en sus relaciones sociales y, sobre todo, cumplir sus mandamientos… ¿Por qué?
Porque vivir siendo pobres no impide confiar en el Señor sino lo contrario, es una ayuda para cuando se encuentren con Él.
Pasaron los años, vino Jesús y se ilusionaron pues deseaban que todo cambiara pero tenían argumentos diferentes: Unos, esperaban un guerrero libertador; otros, necesitaban un defensor de sus privilegios económicos y sociales y quienes vivían de dominar con su intelecto a la clase inculta.
Su predicación convenció a muchas personas, éstas abandonaron el judaísmo, siguieron sus consejos y sufrieron la marginación de quienes tenían el poder
-religioso, político y económico- pero, a pesar de las injusticias que recibían de éstos, permanecieron a su lado.
Jesús, conociendo la realidad que los oprimía, les enseñó con las Bienaventuranzas sus situaciones personales, se las agrupó por la afinidad de sus características, les dio la respuesta adecuada a cada una de ellas y los animó a permanecer firmes en la fe para que ésta les ayudara a continuar unidos, rectos y sin dudas.
También les dijo que los contratiempos no debían enfocarse como “sufrimiento” sino como “dicha” si respondemos: Con bondad, a la maldad de quienes nos ofenden; con solidaridad, ante las desgracias ajenas; con justicia cuando atropellan nuestros derechos… La gran preocupación de Jesús fue erradicar la “pobreza” pero no en sentido “material” sino “espiritual”… ¿Por qué?
Porque siempre asociamos la pobreza con no tener comida, casa o dinero pero damos poca relevancia a la “pobreza del espíritu”, esa que afecta a quienes: Viven en soledad; son marginados por el color de su piel, religión o condición social; son encarcelados siendo inocentes; no pueden expresarse con libertad por culpa de leyes opresoras…
Pablo, para mostrarles la grandeza de Dios, les hizo ver que Jesús no escogía a las personas ricas de la sociedad o destacadas en alguna rama de la ciencia o la cultura para que le ayudaran a evangelizar o hacer obras buenas, los escogió por ser pobres, incultos y buenas personas… ¿Por qué?
Para hacerles ver qué cosas y quienes eran de su agrado o qué cosas y quienes no lo eran y para enseñarles que todo lo bueno que ocurría lo podían realizar las personas normales que cumplen sus leyes.

{ Maite } at: 29 enero, 2026 14:01 dijo...

CAMINO DE PLENITUD
No lo parecen, pero las bienaventuranzas son un camino de plenitud. Entendiendo por tal, nuestra realización como personas en relación con nosotros mismos, con los demás y con Dios, pues no hay divisiones posibles.

Alcanzamos dicha plenitud cuando llegamos a nuestra mejor versión; cuando podemos encontrar y dar lustre a nuestro yo auténtico, ese que se ha llenado de capas (léase mecanismos de defensa) que le ocultan y oscurecen. Funcionamos así, nunca mejor dicho, porque no es vivir, desde automatismos que salvaguarden la imagen que tenemos de nosotros mismos y nos empeñamos en proyectar ante los demás. No nos aceptamos a nosotros mismos, a los demás ni a Dios.

El camino de las bienaventuranzas es una opción de vida, nunca mejor dicho, que implica despojo, desnudez, desarraigo de nuestro viejo yo que luchará siempre por prevalecer.

De alguna manera, las bienaventuranzas nos sumergen en una especie de desierto, de noche oscura, que diría el místico, y nos obligan a renunciar a todo lo que alimenta a nuestro ego.

No hay ninguna gloria personal en vivir las bienaventuranzas, ningún aplauso, ningún reconocimiento público. Como dice Pablo: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”. Ninguna golosina para el viejo y astuto yo. Al contrario, hambre y desierto para él.

Las bienaventuranzas son el camino de los pobres y pequeños, de los frágiles y vulnerables amados y buscados por Dios. Pequeños, sí, pero qué grandes y fuertes en realidad; porque solo quien lo intenta, sabe hasta qué punto se requiere fortaleza, en medio de la debilidad, para vivir las bienaventuranzas. Para caminar, un día sí y otro también, en pobreza de espíritu, con mansedumbre y misericordia, buscando la paz y la justicia, soportando injurias y mentiras a causa de ellas.

Mirando a Jesús, su vida, y sus opciones y prioridades, encontraremos la fuerza y la luz para seguirle y vivir las bienaventuranzas como el único y el mejor modo de pasar por este mundo como él.