1º CUARESMA-A

domingo, 15 de febrero de 2026
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3 comentarios:

Paco Echevarría at: 15 febrero, 2026 08:09 dijo...


PARA SER TENTADO

Tras el bautismo y ya presentado como mesías, Jesús tiene que afrontar la tentación. El evangelista no dice que sufrió la tentación sin más, sino que fue llevado al desierto -lugar tradicional de la prueba y el cambio interior- para ser tentado por el diablo. Es, por tanto, una prueba por la que tiene que pasar necesariamente. La pregunta es: ¿por qué? ¿qué necesidad había de ello? Evidentemente la experiencia de Jesús no tiene como objetivo comprobar su nivel moral. Más bien parece un recurso para mostrar al lector la solidez de su espíritu y la clara conciencia que tenía de su misión. Jesús sufrió la tentación para indicar, con su fidelidad, el camino de la vida en contraposición con Israel que, sometido a la misma prueba, sucumbió.

Pero de poco nos vale semejante ejemplo si antes no nos aclaramos sobre el significado de la tentación en sí misma. Para ello es necesario, ante todo, tener en cuenta que la tentación no es un medio utilizado por Dios para conocer lo que hay en el interior del corazón humano -“Tu escrutas los corazones” (Sal 7,10)-, sino que, al contrario, es un servicio divino por el que Dios nos enfrenta a nuestra propia verdad. No somos tentados para que Dios nos conozca, sino para que podamos conocernos a nosotros mismos. No vamos al médico para que sepa lo que tenemos, sino para que -con diversas pruebas- nos ayude a ver cómo estamos.

La tentación -como la crisis- es condición indispensable del crecimiento, porque ayuda al conocimiento de sí mismo, pone de relieve las debilidades, permite formular metas, baja los humos de la vanidad y humaniza a quien la sufre. Cuando en el Padrenuestro pedimos, no decimos “líbranos de la tentación” como cabría esperar, sino “no nos dejes sucumbir en la tentación”. La tentación -como el dolor- es una buena herramienta porque con ella se avanza rápido en el camino interior.

Vistas así las cosas, las tentaciones de Jesús nos parecen tres advertencias a sus seguidores: no se deben convertir las piedras -la dureza- de la vida en panes gratos al paladar, sino que es mucho más importante conocer la palabra -la voluntad- de Dios; no es bueno tentar a Dios asumiendo -imprudentemente- riesgos innecesarios, que Dios no está para corregir nuestras insensateces y, actuar de esa manera, no es confiar más en él, sino tomarlo de lazarillo; y -sobre todo- no hay que sucumbir ante los poderes de este mundo. Sólo Dios es dios. Lo que pasa de ahí es idolatría.

Añade Mateo que, superada la tentación, el diablo se retiró y entraron en escena los ángeles. Quien ha resistido la noche sin sucumbir, gozará de las alegrías del día. Jamás seremos tentados por encima de nuestras fuerzas: Dios quiere que vivamos.

{ Maite } at: 18 febrero, 2026 12:59 dijo...

TODO ESTO TE DARÉ
Esta es la afirmación gratuita de la tentación que nos hace creer, además, que lo mejor que podemos recibir está afuera, o arriba. Lo más valioso lo llevamos dentro, ya está ahí, solo hace falta descubrirlo, adentrarnos más y más en nuestro interior. Todo eso que viene de fuera y creemos necesitar, o ambicionamos poseer, solo sirve para inflar, un poco más, el ego, siempre ávido de poder y dominio.

La tentación nos dice lo que queremos oír, engaña, y así atrapa, engancha y encandila al ego, que es el único beneficiado al escucharla. Y todo lo que beneficia a este, debilita y asesta un fuerte golpe al yo auténtico.
Este crece en el desierto interior, al abrigo del silencio y la soledad. En un proceso de descendimiento y profundización en sí mismo se fortalece, crece y encuentra la luz. En el reconocimiento de la propia vulnerabilidad y pecado. Desde ahí puede poner en Dios una confianza ilimitada que dice que él nunca nos dejará ni abandonará.

En la Palabra encontraremos la fuerza necesaria para el camino, el alimento para el desierto, las claves para reorientar la propia vida y la sabiduría para llevar a cabo la propia misión. Ella nos ayudará a elegir entre vivir de rodillas ante lo que quita la vida, o en adoración a Dios, la Vida.

Dar culto al ego impide dárselo a Dios, y empuja a caer en su manipulación y deformación. Oculta su verdadero rostro y presenta una caricatura, a la manera de un ser superior a nuestro servicio. Mientras el ego crece y engorda, el yo auténtico mengua y se destruye.

Solo en la entrega y el servicio a los demás encontramos la luz en nosotros mismos y allí donde se encuentra. Solo en el amor más desinteresado y auténtico, el que nace del olvido de sí. Como Jesús, que se mantuvo fiel al Padre y a su misión a pesar de sufrir, también él, la prueba.

Paco Pérez at: 18 febrero, 2026 17:44 dijo...

LA TENTACIÓN, VENCERLA O CAER
Dios nos regaló un lugar idílico pero Eva y Adán lo estropearon al no rechazar la tentación. Hoy seguimos tropezando y puede que sea porque aún no hemos entendido que Dios nos sigue ofreciendo su ayuda y no la cogemos porque nos cuesta dejar de beber en la fuente del mal: Egoísmo, ambición, injusticia… Así, sus buenos proyectos seguimos sin escucharlos, pero, cuando caemos en la tentación de remar en la dirección contraria al orden que propuso, lo que hacemos es contribuir a su rechazo y a la instauración de la mentira.
El mal, aprovechando el estado de debilidad en que se encontraba Jesús después de ayunar, lo tentó y fracasó. Así nos enseñó a luchar en solitario contra él, ese que nos visita presentando lo malo como bueno, prometiendo que nos hará grandes y ocultando que, para lograrlo, defenderemos con fuerza nuestros intereses y pisotearemos a los débiles.
Si elegimos ese camino ya nos resultará complicado retroceder porque para incrementar nuestro bienestar terrenal tendremos que aumentar nuestra cuenta personal de egoísmo, seguir viviendo esclavizados y perder lo más importante, ser acogidos por el Padre cuando lo visitemos.
La respuesta a la tentación está en no temerle y rechazarla porque así la venceremos y nos haremos fuertes.
Pablo nos muestra, estableciendo una comparativa, las consecuencias contrarias que se derivaron de dos hechos históricos, la desobediencia de Adán y la muerte de Jesús.
Adán pecó y, hasta Moisés, arrastró a las personas a la muerte, aunque no hubieran fallado y no hubiera Ley. No obstante, cuando la recibieron, la muerte siguió vigente porque era una consecuencia de la desobediencia de él pero, al venir Jesús, su muerte no tuvo el mismo origen que el de las personas -fue por la maldad humana-, generó un efecto contrario y nos salvó… ¿Cómo?
Si por el pecado de Adán fuimos culpados y sentenciados con la de Jesús ocurrió lo contrario, muchas personas que estaban condenadas fueron salvadas.
La Cuaresma nos invita a practicar el ayuno y la abstinencia y a mejorar nuestra actitud en la convivencia familiar y social… ¿Cómo?
La tradición nos lleva al cumplimiento de la norma en el apartado de los alimentos, cantidad y clase, pero el verdadero ayuno es hacer a diario la voluntad del Padre: No comprar cosas innecesarias y después desecharlas, ayudar al necesitado, gobernar sirviendo y no en beneficio propio, no difundir la intimidad de las personas, no propiciar los enfrentamientos sino la paz, decir y hacer, no mentir, perdonar las ofensas, no devolver los golpes…
Jesús ayunó, oró, tuvo tentaciones, rechazó las cosas materiales y, además, luchó por la justicia, curó a los enfermos, dio de comer al hambriento, consoló al afligido, perdonó a todos…