32º Domingo Ordinario - B

miércoles, 1 de noviembre de 2006
12 Noviembre 2006

Reyes: La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías.
Hebreos: Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.
Marcos: Esa pobre viuda ha echado más que nadie.


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4 comentarios:

Paco Echevarría at: 01 noviembre, 2006 20:30 dijo...

Lo que cuenta es el corazón.

Los escribas eran los expertos legales de aquel tiempo y, con frecuencia, actuaban como abogados. Constituían una clase social satisfecha de sí misma, prestigiada y piadosa. Esto se manifestaba en su forma de vestir, en el trato que recibían públicamente y en el lugar que se les reservaba en actos oficiales. Pero todo era fachada. Pura imagen. Su modo de actuar con los pobres indicaba que su corazón no era tan digno como parecía su exterior. Cuando una viuda tenía problemas, ellos le ayudaban en los tribuna¬les a cambio de algún tipo de contribución. Pero, dado que las viudas eran uno de los colectivos más pobres de Israel, eso significaba aprovecharse de la necesidad de los demás. Jesús dice que serán juzgados con dureza.

En la vida -en la sociedad a la que pertenecemos- es frecuente encontrar personas que dan mucha importancia a la imagen, a lo exterior, a lo que se ve. Les importa mucho la apariencia, lo que piensan los demás, el juicio de los otros. Olvidan que la verdadera identidad de un hombre está en su interior. Si quieres saber la talla de un ser humano no le midas de la cabeza a los pies. Mide su corazón.

Eso es lo que hace Jesús. Tiene un modo de mirar a las personas que le hace percibir el interior. De ahí que ponga a los discípulos en guardia frente a los escribas: eran como una casa de hermosa fachada, pero ruinosa en su interior. Y a la vez dirige la atención de éstos hacia la viuda que está depositando una pequeña limosna en el templo. En el patio destinado a las mujeres, frente a la sala del tesoro, había trece cepillos en forma de trompeta para recoger las limosnas ordenadas por la ley y las voluntarias. Junto a ellos había un sacerdote que indicaba en qué cepillo había que echarla según la cantidad y el destino que quería dársele. Por tanto, todo el mundo podía ver quienes daban más y quienes menos.

Jesús observa el movimiento de la gente y repara en una viuda que deposita su limosna en el cepillo de los pobres, de los que apenas daban. Con su palabra pone de relieve la verdadera dimensión de aquel gesto. Viene a decir que lo grande es pequeño cuando el corazón es mezquino y lo pequeño, grande, cuando es generoso. No es la cantidad lo que cuenta, sino la calidad del corazón. No hay cosas pequeñas ni pequeños detalles cuando la medida de las cosas se toma en el corazón. Tu vida, por tanto, valdrá lo que valga tu generosidad aunque tus posibilidades sean insignificantes. Y al revés: por muy grande que pueda parecer tu vida, es nada si tu interior está vacío.

{ Manolo Martín de Vargas } at: 01 noviembre, 2006 20:32 dijo...

El culto y la vida.

Las dos viudas van a dar a Dios lo que es de Dios en forma de un panecillo y dos cuartos: toda su vida.

El evangelio critica un culto viciado: "Las largas oraciones" y el abuso de las clases indefensas: "devoran las haciendas de las viudas".

La de Sarepta acepta la muerte: "nos lo comeremos y luego moriremos". La del evangelio da "cuanto tenía para vivir". Este es el culto limpio que se vive como sacrificio de la propia persona.

Ambas viudas nos introducen de lleno en el valor de la limosna. No solo es una generosa ayuda al necesitado, un acto de misericordia: también es purificadora de los propios pecados; pero puede ser más que todo eso: si supone un sacrificio se convierte en el auténtico culto.

Nuestras limosnas: ¿tienen este valor de culto auténtico?

Juan Diego at: 02 noviembre, 2006 17:08 dijo...

Saber acoger la presencia de Elías, que la invita a la vida a través de lo que ella cree la muerte, me parece lo más importante del testimonio de la viuda de Sarepta. En nuestros días quizás esta dimensión de la conversión al Reino de Dios, la esperanza, es radicalmente necesaria. ¿No es soberbia encubierta decidir si somos o no necesarios, e incluso imprescindibles, para el proyecto de Jesús? La de Sarepta expresa como nosotros sus miedos, pero es capaz de obedecer (aceptar libremente la voluntad de Otro) la palabra de Dios, que resuena dentro de sí en presencia de Elías.

Anónimo at: 03 noviembre, 2006 21:23 dijo...

Desde la gratitud y la fé.Se que cuato tengo,soy y comparto se lo
debo a la generosidad del Señor
conmigo.Él hace nuestros corazones
y despeja los sentidos;para que
sepamos entender que no somos dueño
de cuanto poseemos y como todo lo
regalado no tiene precio.
Desde la confianza en El Señor
nunca se me ha quedado la orza vacia y tampoco me ha faltado un
hermano capaz de darme la mano en
momentos dificiles.
Es hemoso compartir y saber que
no estamos solos.