1º DOM-ADV-A

domingo, 23 de noviembre de 2025
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2 comentarios:

Paco Echevarría at: 24 noviembre, 2025 08:54 dijo...

ESTAD EN VELA (Mt 24,37-44)

Comienza el Adviento con un texto inquietante por la meta a la que apunta: la Navidad. Es ésta la fiesta en la que los cristianos celebramos el nacimiento de Jesucristo y los textos de la liturgia apuntan a la necesidad de velar y prepararse debidamente porque su primera venida, anticipo de todas sus venidas, fue misteriosa, desconcertante e inquietante. Misteriosa por el significado que tiene para nosotros: es la presencia en el mundo de un Dios que, cuando quiso y porque quiso, decidió nacer, vivir y morir como hombre; desconcertante por la apariencia: se muestra de un modo pobre y humilde; e inquietante porque nos advirtió que volvería de muchas formas y corremos el peligro de no reconocerle.

Los textos evangélicos nos ponen en guardia ante el peligro de no ver al Señor que llega encarnado en aquellos que son su presencia viva en medio de nosotros. No en vano la última parte del discurso al que pertenece este texto recoge la parábola de los talentos –“¿Qué habéis hecho con los dones que os he entregado?”– y el juicio final –“Tuve hambre y me disteis de comer...”–. El Dios que vino en forma humana sigue saliendo, cada día, a nuestro encuentro y hace falta tener los ojos y los oídos bien abiertos para reconocerlo en un niño recostado en un pesebre. Esa es la llamada que se nos hace en este primer domingo. Se trata de despertar del letargo para que no nos ocurra como a los contemporáneos de Noé, que no supieron comprender el momento en que vivían. Porque de eso se trata: de descubrir el significado del momento presente. Lo que viene, no es un diluvio de muerte, sino una inundación de vida y de amor. El riesgo es no darse cuenta y permanecer atrapados en el temor.

El misterio para el que nos preparamos es el misterio original de cristianismo: el misterio de la Encarnación. Su importancia es tal que, sin él, no puede entenderse la idea de Dios que predicó y encarnó en su vida Jesucristo –el Eterno y Misericordioso que se reviste de humanidad y de humildad–, su idea de hombre –el mortal revestido de divinidad y de dignidad– y su visión de la existencia, de la historia y del mundo –el lugar en el que ese Dios humilde y ese hombre divinizado se encuentran como un padre y un hijo–.

Si los creyentes no somos capaces de reconocer al Señor que llega humildemente, revestido de miseria y hasta de pecado, entonces es que hemos olvidado las enseñanzas del Maestro. Si no somos capaces de escuchar su voz en la miseria de nuestro tiempo, tampoco la oiremos en la grandeza de los libros que la conservan. El evangelio de este primer domingo, cuando nos advierte de la necesidad de vigilar, no se refiere a que nos encerremos en las iglesias para escuchar sus hermosas palabras, sino a que salgamos a los caminos, a las calles y a las plazas para verle y oírle porque es ahí donde está gritando y donde quiere ser oído. Abrir bien los oídos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo a los que sufren, porque es Dios quien habla en ellos: esa es la llamada.

Paco Pérez at: 28 noviembre, 2025 12:38 dijo...

ADVIENTO: TIEMPO DE ESPERA Y AMOR
El Adviento es tiempo de preparación, en él recordamos que la venida de Jesús está próxima y que debemos estar vigilantes. Lo haremos:
Esperando, pero si nuestra única respuesta es que Él actúe y no colaboramos, el mundo no arreglará sus rotos y no lograremos cambiar lo que no funciona.
Vigilando de manera permanente nuestro entorno social, político y religioso para que sus influencias en la familia y en la comunidad ayuden a mejorar.
Siendo justos e inconformistas para estar en permanente revisión de lo personal y lo colectivo.
Descubriendo y denunciando las irregularidades que flotan en nuestro entorno pero haciéndolo con la sana intención de corregir las equivocadas, incluida la nuestra.
Recordando a los profetas aprendemos que, guiados por el Señor, intervenían para pedir a las personas que cambiaran. Luego, si nada es nuevo bajo las estrellas… ¿Por qué no escuchamos aquí a quienes intentan guiarnos para que cambiemos?
Si lo hiciéramos no olvidaríamos que la casa del Señor permanecerá hasta el final de los tiempos intacta y encumbrada sobre todos y que, a pesar de las dificultades que se presentan durante el camino, las personas que buscan al Señor y abrazan sus leyes entierran la violencia y construyen una paz duradera.
No obstante, la realidad enseña que a veces nos olvidamos del Señor para vivir el día a día sin pensar que aquí estamos de paso y que no somos eternos.
Jesús, para que comprendiéramos mejor esa realidad, nos propuso varios ejemplos que ayudaran a cambiar de tendencia. En ellos se aconseja vivir en estado de alerta permanente para dar respuesta a los problemas de quienes nos rodean, no vivir confiados en que lo hacemos muy bien porque somos buenas personas y no creer que nunca nos llegará el final de nuestra estancia aquí. También nos recuerda la inutilidad de este comportamiento porque en el momento más inesperado nos encontraremos con el Señor y, si no hemos estado vigilantes… ¿Seremos acogidos o rechazados?
El evangelio deja clara la repuesta, nos toca a nosotros saber qué hacemos sobre la vigilancia y qué no; que vigilar es responder a las problemáticas de la vida pero no lo es estar pendientes sólo de los cumplimientos tradicionales y muy poco, o nada, de los problemas ajenos.
Pablo transmitió a la comunidad la evolución que había experimentado el camino de la salvación y lo hizo razonándoles sobre los cambios que debían realizar en sus relaciones con Dios… ¿Por qué?
Porque Jesús, con sus enseñanzas, regaló la luz que permite conocer qué podemos hacer, qué no y qué excesos debemos evitar porque generan hábitos malos y distorsionan el verdadero sentido de nuestros actos.