DOM-32C

domingo, 2 de noviembre de 2025
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2 comentarios:

{ Maite } at: 07 noviembre, 2025 16:34 dijo...

¿TEMPLO O MERCADO?
En el Evangelio de este domingo, Jesús defiende con violenta pasión el templo de Dios, casa de oración y lugar privilegiado de encuentro con él. Jesús arremete contra un mercado montado no solo para lucro del templo, sino también para comerciar con la misma imagen de Dios, con Dios mismo, haciendo de él un objeto de compraventa. Haciéndolo asequible y favorable a quienes más tienen y lejano y extraño para los más pobres, las mujeres y los paganos.

Jesús se reconoce a sí mismo como templo de Dios, morada suya. Se sabe y se siente habitado por él. Pablo concluye que todo cristiano es templo de Dios, pero advierte que esto no exime de la responsabilidad de construirlo. Tenemos la capacidad y la obligación de elegir los materiales para ello y el fundamento. Nuestra dignidad se cimenta sobre esta realidad; somos hombres y mujeres habitados por Dios. Cualquier atentado contra esta dignidad será juzgado como tal.

Ezequiel expresa con una bellísima imagen los beneficios del templo, lugar de vida exuberante, de saneamiento, de hermosura que se expande y se dilata por doquier, fertilizando todo lo que alcanza y garantizando una plenitud sin fin. Es la presencia de Dios, al fin y al cabo, y ¿qué no podrá hacer de nosotros mismos, conscientes de ella? También nosotros, como templos vivos, irradiamos y contagiamos vida abundante, saneamos lo putrefacto, sanamos lo enfermo como fuentes y espacios de salud para todos.

De lo contrario, nos convertimos en un mercado que adultera, manipula, deforma y distorsiona la imagen de Dios, con la pretensión de utilizarlo, doblegarlo y ponerlo a nuestro servicio. Como templos de Dios nos comprometemos a dejar que él sea Dios en nuestra vida, y que sea su Espíritu, y no el ego, quien nos mueva y sostenga, aliente y purifique.

Paco Pérez at: 07 noviembre, 2025 16:48 dijo...

¿QUIÉN NOS GUÍA, LA TRADICIÓN O LA BIBLIA?
Dios, preocupado por los problemas de las personas, nos muestra las transformaciones que ocurren en nuestro entorno para beneficio de los seres vivos y que el mérito de esos cambios está en los efectos beneficiosos del agua… ¿Hemos valorado en alguna ocasión esta realidad para mantenerla o mejorarla?
Es evidente que no pues realizamos vertidos tóxicos al mar, las corrientes de agua y al suelo, acciones que dañan su potabilidad y ocasionan enfermedades y la desaparición de animales y plantas que Él nos regaló para nuestro sustento.
Después la religiosidad del pueblo siguió el camino que les marcaba la tradición y el culto estaba regulado con las normas del Templo pero Jesús, con el comportamiento violento que tuvo con ellos en él, les comunicó que no cumplían el plan de Dios y que debían cambiar… ¿Por qué no comprendieron lo que hizo?
Porque el mercadeo que había en el Templo con el culto hacía que muchos vivieran muy bien, lo rechazaron y le pidieron explicaciones. Él, como prueba de quién era, les comunicó su muerte y resurrección en tres días.
Hoy, con otros formatos, el mercadeo también se practica en los templos… ¿Por qué no se toman medidas correctoras? ¿Tiene que venir Jesús de nuevo con el látigo?
En nuestras manos no está cambiar lo que no marcha a nivel institucional pero nuestros comportamientos equivocados sí… ¿Lo hacemos o preferimos seguir aferrados a las tradiciones porque no nos comprometen a nada?
Para Pablo, Dios es un arquitecto que hizo muy bien su trabajo cuando diseñó el edificio de la vida… ¿Por qué?
Porque nos dio resuelta la parte primera de la edificación, los cimientos, los que Jesús levantó con su ejemplo para que no nos perdiéramos al continuar el proyecto, es decir, lo dejó abierto a todos porque así podríamos participar, o no, en la culminación de él como personas libres. Es evidente que las personas debemos participar en esa construcción para poder vivir en ella como hermanos pero… ¿Lo hacemos?