DOMINGO-5ºA

domingo, 1 de febrero de 2026
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3 comentarios:

Paco Echevarría at: 01 febrero, 2026 07:40 dijo...

SAL Y LUZ (Mt 5,13-16)

Tras presentar los caminos de la dicha, Jesús aconseja a los suyos sobre su proceder en la vida. Lo que acaba de mostrarles no es asunto para ellos solos, sino quehacer en el mundo en beneficio de los hombres. Y pone dos ejemplos para explicar su pensamiento.

El primero es la sal. Decía Plinio el Viejo que nada era más útil que el sol y la sal. Y en el mundo religioso antiguo estaba muy extendido el simbolismo de la misma. Es imagen de lo que purifica y da sabor, de lo que conserva; también da valor y precio a lo que debe ser salado. Partir la sal era un modo de sellar una alianza. Jesús dice a sus discípulos que esa ha de ser su tarea en el mundo.

Pero hay un problema: ¿Cómo es que Jesús habla de sal insípida, si la sal no pierde su sabor? Puede que esté aludiendo a la sal de mala calidad que sacaban del Mar Muerto y que perdía su sabor al poco tiempo. Pero es más probable que la clave esté en su última frase: ellos han de ser sal por sus buenas obras. Si no viven de acuerdo con el ideal que les ha mostrado, serán como sal desvirtuada que no tiene ningún valor. La fe no ha de quedarse sólo en pensamientos, sino que ha de inspirar también comportamientos. Si no es así, es fe vana, como sal insípida.

El segundo símbolo es la luz. En el evangelio de Juan Jesús se presenta, él mismo, como la luz. En este pasaje lo son los discípulos. No dice que han de traer la luz al mundo, sino que ellos son esa luz. No habla, por tanto, del mensaje que han de anunciar, sino de la vida que han de vivir –de las buenas obras– para que los hombres, al verlos, glorifiquen a Dios.

En ambos casos –en la sal como en la luz– se insiste en el obrar como tarea de la vida en función del bien del mundo y de la gloria de Dios. Y es aquí –según yo veo– donde radica la fuerza de estas palabras. El discípulo de Jesús ha de identificarse de tal manera con la enseñanza del maestro que su presencia en el mundo –su ser y su existir, su estar y obrar– ha de ser beneficio para sus semejantes y motivo de gloria para Dios.

La luz no es para sí, sino para darse. Su utilidad no está en ser vista, sino en hacer que se vea aquello sobre lo que se proyecta. Es una vocación excelsa y gloriosa hacer que el mundo vea. Pero es también una vocación que puede malograrse, que puede debilitarse, escurrirse y perecer en la indiferencia, con lo que se inutiliza por completo.

Me hace pensar esto en la necesidad de ser auténtico viviendo de acuerdo con lo que uno cree. Porque, es un hecho que sufrimos una verdadera inundación de la palabra. Son muchos los que hablan y hablan mucho y de muchas cosas. Y de tanto hablar llegamos a creernos que no importan las cosas o la vida, sino lo que de ellas se dice. Jesús advierte a los cristianos que importa más la vida. Lo que me hace pensar que, en este tiempo, conviene hablar menos y hacer más.

Paco Pérez at: 03 febrero, 2026 14:01 dijo...

EVANGELIZAR SIENDO SAL Y LUZ
Isaías les enseñaba cómo recorrer el verdadero camino… ¿Por qué?
Porque sabía que ayunaban ofreciendo sacrificios a Dios pero después, cuando creían que sus peticiones no eran escuchadas, lo acusaban de no ayudarles y él les reprochó su comportamiento así: [Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.].
¿Qué pensará Dios cuando ayunamos, de alimentos, unos días en Cuaresma y no lo hacemos solucionando las necesidades ajenas?
Él nos permite seguir tomando decisiones en libertad, aunque estén equivocadas, pues espera que cambiemos y, si algún día estamos en apuros, Él nos ayudará aunque no lo percibamos.
Estas realidades hacen que las enseñanzas de Jesús aún no sean percibidas de la misma manera por todas las personas y eso me hace preguntarme… ¿Necesitamos conocerlo mejor o es que estamos más cómodos ignorándolo?
Juzgarlo sin conocerlo es un error, lo correcto es preocuparnos de conocer qué nos pide, cambiar nuestras formas equivocadas de pensar, practicar la verdad y la justicia y enterrar la mentira.
La guerra entre los judíos y Roma ocasionó la destrucción del Templo y acabó con la clase sacerdotal y el culto. Después, por estos hechos históricos, surgieron varias tendencias en el judaísmo y se reunieron para fijar unos puntos en común. De ahí salieron dos grupos, los judeo-fariseos cambiaron la fachada a su creencia pero la esencia no pues continuaron sin aceptar a Jesús pero los judeo-cristianos de Mateo sí y evangelizaban con el modelo que Jesús enseñó y Mateo les recordó: [Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo…].
Lo hizo así porque vivían momentos de incertidumbre y, para animarlos a seguir firmes, les mostró el camino con estos dos elementos esenciales de la vida, la “sal” y la “luz”. Debían comportarse: Como la “sal”, dejando el sabor de un buen recuerdo en sus relaciones y que éstas se conservaran intacta en el tiempo. Como la “luz”, ayudando a ver el camino pues, si Jesús fue “luz” con su ejemplo de vida, ellos también lo serían y harían que la Palabra fuera más entendible.
Mateo les dijo también: [… si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de Dios.].
Lo hizo porque si el modelo judeo-fariseo rechazó injustamente a Jesús ellos debían continuar comunicando y practicando las enseñanzas de las “Bienaventuranzas”, conociendo los peligros que acechaban a quienes lo seguían.
Pablo, al iniciar su misión apostólica, se presentó como una persona sin preparación, sabiduría y elocuencia que intentaba, con la ayuda del Espíritu, mostrarles las enseñanzas de Jesús a través de las cosas buenas que hizo, que murió crucificado por nosotros y que debían buscar el apoyo del Espíritu en sus obras y no perder la fe, cosa que suele ocurrir a quienes buscan el respaldo de los hombres y se olvidan de Dios.
Afirmaba que Jesús utilizaba la ignorancia y la debilidad del mundo para vencer a la cultura y la fuerza de la injusticia.

{ Maite } at: 05 febrero, 2026 23:08 dijo...

SER SAL Y LUZ

Jesús nos exhorta, de manera muy gráfica, a ser sal y luz del mundo, para todos, allí donde estemos. Forma parte de nuestro ser cristianos. Ser sal y luz no es fruto del esfuerzo ni del empeño; se es o no se es.

Quien vive unido a Jesús, con la mirada fija en él y camina tras sus pasos y al aire de su palabra, es sal y luz, con él y como él.

¿Cómo hacer para dar sabor y realzar, sin desfigurar, las cualidades de los demás? ¿Cómo iluminar situaciones y ambientes, a quien lo necesita a nuestro lado? Las lecturas del día nos muestran el camino a seguir: compartiendo con los más desfavorecidos a nuestro lado, amparando, protegiendo, alimentando y cobijando a los pobres y pequeños, a los frágiles y vulnerables. Se trata de optar con determinación por los últimos, por gastarse y desgastarse con ellos y para ellos. Ofrecer alivio y consuelo, en vez de juicio y condena, crítica y maledicencia, nos hace brillar e iluminar allí donde nos encontramos.

Ser sal y luz no se decide ni se consigue. Salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, al encuentro del otro, olvidados de nuestros intereses personales, nuestras carencias y heridas, nuestras sombras y oscuridad, nos pone en contacto con lo más luminoso de nuestro interior, con el Dios que nos habita y transforma. Solo así podremos diluirnos, desaparecer, y brotará lo más genuino y humano que ya está en nosotros. Aquello que irradia luz y, como la sal, sazona y potencia el sabor de cada cosa.