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Estas hojillas, que podéis bajaros, nacieron en la Parroquia de San Pablo (Fuentepiña, barriada obrera de Huelva) y la siguen varios grupos desde hace años en su reflexión semanal. Queremos ofrecerlas desde la sencillez y el compromiso de seguir a Jesús de Nazaret.
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1 comentarios:
RADICALIDAD
Esta sería la palabra que define la actitud que Jesús pide a sus discípulos en este evangelio. Solo hace falta leer con atención para no malinterpretar sus palabras y hacer que digan lo que no dicen.
Jesús pide un amor exclusivo, pero no excluyente. Si todos los demás amores se organizan desde él no habrá lugar para relaciones tóxicas. Incluso los amores que consideramos más sagrados, como el amor a la familia o a la pareja, pueden ser fuente y origen de sumisiones mal entendidas, malos tratos, opresión, manipulaciones, control y toda una corte de comportamientos y contravalores que nos ofuscan, y nos impiden ser conscientes de que no estamos ganando en humanidad sino perdiendo.
Amar desde Jesús y poniéndole a él en primer lugar, reorienta, centra, encuadra el amor y hace que sea fuente de vida, de luz, de fuerza y de paz, para nosotros y para los demás. Poner a Jesús en el centro, nos permite entregar la vida y servir a todos sin perder la dignidad, ni la autoestima, ni la alegría. Al contrario, nos ayuda a encontrar nuestra plenitud como hijos de Dios y hermanos de todos.
Perder la vida se convierte en la mejor manera de ganarla. Lejos de posesionarnos de ella y de todo lo relacionado con nosotros, nos empuja a crecer y dar fruto desde el olvido del ego, ese martillo que nos desgasta y destruye desde dentro, a base de alimentarse de todo lo que nos impide desarrollarnos como personas.
Centrarnos en Jesús nos permitirá desarrollar una mirada contemplativa que le descubre vivo y presente en los más necesitados como en un lugar privilegiado.
Cargar con la cruz, que es asumir y aceptar las consecuencias de nuestro seguimiento de Jesús, nos llevará no a la autoinmolación, sino a la consecución de una vida plena en la voluntad de Dios que nos llevará a alcanzar lo mejor de nosotros mismos.
La radicalidad dice mucho de la importancia que damos a lo que hacemos y elegimos cuando queremos, a la manera de los deportistas de élite, conseguir un objetivo determinado: qué evitamos, qué intentamos superar, en qué nos focalizamos, a qué renunciamos en orden a alcanzar algo mejor. Entrenamos nuestro cuerpo y nuestro espíritu para que sean nuestros mejores aliados, no los peores enemigos, y nos ayuden a conseguir una meta que supera todos nuestros sueños.
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