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sábado, 17 de septiembre de 2022
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4 comentarios:

Paco Echevarría at: 17 septiembre, 2022 09:01 dijo...

LÁZAROS Y EPULONES (Lc 16,19-21)
La parábola de Lázaro y el rico viene a completar la enseñanza de Jesús sobre la riqueza, iniciada el domingo pasado. Varias cosas aparecen en este relato y todas ellas dignas de reflexión. La primera es que estamos ante una denuncia de las diferencias entre los hombres. Lázaro simboliza al hombre justo que, a pesar de las dificultades y el sufrimiento de la vida, confía en Dios. Se le premia por su capacidad para afrontar la dificultad y soportar en silencio la insolidaridad de quienes le rodean. El rico representa al hombre que vive como si Dios no existiera: lo tiene todo ¿para qué necesita a Dios? Se le castiga, no por su riqueza, sino por su falta de amor, no por su dinero, sino por su egoísmo, no por disfrutar de sus bienes, sino por negárselos al pobre. Es la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno lo que pierde al rico.

Otro elemento del relato –tal vez el más inquietante– es que, tarde o temprano, las cosas se ponen en su sitio y cada uno recoge lo que sembró. La parábola habla de dos abismos: el que se da en la vida y el que se abre tras la muerte. Entre ellos hay una gran diferencia, pues, uno es franqueable; el otro, no. Para salvar el primero hubiera bastado que el rico se asomara a la puerta, saliera de su ensimismamiento y mirara a su alrededor: Habría descubierto el sufrimiento de Lázaro –el pobre siempre tiene un nombre– para ponerle remedio, al menos, en parte, según sus posibilidades. Pero vivía tan satisfecho de su propia vida que no podía ni imaginar que existieran vidas en la miseria. Ésta es la ceguera que provoca la riqueza. Quien come todos los días no imagina que haya gente que no lo hace. Pero la hay. El segundo abismo es la eternización del primero y resulta infranqueable. Llega un momento en el que ya es demasiado tarde para arreglar las cosas.

El tercer elemento del relato se refiere a la escucha de la Palabra de Dios. Lo que le ocurre al rico podría haberse evitado si hubiera escuchado a los profetas. La riqueza lo ha hecho ciego ante las necesidades ajenas y sordo a las advertencias de Dios. Cuando uno vive cómodamente instalado en una vida de dicha y disfrute, lo que menos necesita son voces inquietantes, profetas aguafiestas empeñados en turbar su paz. Puede que algunos piensen como el rico: Dios debe ser más claro, enviar a alguien del otro mundo para abrirles los ojos. Dios es demasiado claro. Es el corazón humano el que prefiere la oscuridad. Quien no escucha la verdad, tampoco cree en los milagros.

Con esta parábola Jesús completa su mensaje sobre la riqueza. El domingo pasado advertía que es una amenaza para el corazón humano porque tiende a ocupar el lugar de Dios. Ahora advierte que también pueden ocupar el lugar de los otros. Sin Dios y sin los hombres ¿qué nos queda? Sólo la soledad. Ése es el infierno del egoísta, cuando descubre que, en su vida, no ha hecho otra cosa que encerrarse en una cárcel y tirar la llave.

juan antonio at: 20 septiembre, 2022 17:55 dijo...

Amos nos trae su diatriba contra los que viven bien y sin advertir nada a su alrededor, indiferentes, al igual que el evangelio que termina con un versículo que nos interroga y Pablo en su carta hace unas recomendaciones a Timoteo.

El tema de la riqueza vuelve como en semanas pasadas, meditemos la parábola y llevemosla a nuestra oración personal pues nunca es bastante, ya que esa inclinación a la riqueza y a lo que ella entraña, se nos cuela en el alma como el viento por las rendijas.

Me detendré en dos cuestiones que nos plantea las lecturas de la Palabra de este domingo:

--- El versículo 11 de la carta de Pablo a Timoteo nos dice:

““Hombre de Dios, practica la justicia, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza.””

Practica…..la delicadeza.

Este mandato de Pablo parece que hoy no cuenta para el cristiano, parece más bien relegarse a conventos y monasterios, a mujeres más que a hombres, parece que nos degrada ser delicado y en aras de una pretendida libertad, hacemos lo que queremos, vestimos o nos desvestimos como queremos, decimos lo que queremos, exaltamos una forma de ser y vivir egocéntrica, yo y siempre yo.

¿Donde está la finura, la delicadeza del ser humano, donde está el respeto en la relación con mayores y pequeños, sobre todo con éstos?

Es que tenemos permiso para escandalizar siendo y haciendo cuanto nuestro libertinaje nos demande?, porque eso no es libertad, la libertad está en hacer lo que quieras con el respeto al otro, diríamos norma mínima y esto lo hemos olvidado y basta una simple mirada a nuestro alrededor para ver, escuchar y observar cuanto acontece.

“”Amar también es obrar con tacto y delicadeza. Es mucho más que la sencilla cortesía humana, a menudo muy cercana a la hipocresía. La delicadeza del amor se interesa verdaderamente por el otro; es sensible a sus aspiraciones. El amor no busca su propio interés. Cristianos, si no se ve claramente en nosotros “la mansedumbre y ternura de Cristo” ¿Quién escuchará el mensaje que anunciamos?””
“”Hombre de Dios, practica….. la delicadeza …... diremos, sé humano, hombre, mujer, no olvides lo qué eres para ti y para los demás.
--- El mal uso de la riqueza llevó al rico (que podemos ser cualquiera) a la condenación y ahí pide el envío de Lazaro para advertencia de sus hermanos.

“” Y Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”.

La respuesta de Abraham nos trae un mensaje y el mensaje es ¿qué es para mi la Palabra de Dios?

La medito día y noche como nos dice los salmos, es la guía de mi vida, es la que me da Vida al traerme la Vida de Jesús y del Dios de Jesús, el Padre Bueno al que invocamos con el Padre Nuestro?

Esto nos lleva a la oración, qué lugar ocupa en mi día a día la oración, qué gracias doy, qué alabanzas elevo, qué pido o solo pido?, más que pedir expone, darle a conocer a tu Padre tus inquietudes, tus angustias, tus decepciones, tu….. vida.

Hay una canción que repetimos hasta el infinito y quizás no hayamos reparado en su contenido:
“”Tu palabra me da vida, confío en ti, Señor
Tu palabra es eterna, en ella esperaré””.
Señor cuanto tenemos de tu paso por este mundo está en los evangelios, de mil maneras nos enseñaste un modo de vivir, un camino a seguir, que tenemos que ir asumiendo cada día en un crecimiento de nuestra vida cristiana, de tu Vida, pero es posible que estemos buscado unas obligaciones y devociones que , algunas o muchas veces tu Palabra, quede relegada.
El Evangelio de hoy nos trae este tema a nuestra oración “Mi madre y mis hermanos son éstos, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” ¿ y yo, nosotros? Qué...
Repitamos la canción, una y mil veces hasta que nos cale y nos enteremos de que en tu Palabra tenemos la salvación.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a decir ¡AMEN!

Maite at: 24 septiembre, 2022 17:53 dijo...

Ya sabemos que el pecado del rico de la parábola no fue su fortuna, sino su indiferencia culpable hacia el pobre que tenía delante. Vivir de manera opulenta cuando, a su lado, un hombre moría de hambre y miseria.

Según la parábola, quienes viven así no se convierten ni, aunque resucite un muerto. Los que no ven con sus ojos, ni escuchan con sus oídos a sus semejantes son impermeables a un milagro por muy rocambolesco que sea. Lo que no se lleva dentro, no entra desde afuera.

La plenitud de nuestra humanidad se alcanza a medida que vamos asemejándonos a Dios. Y el modelo para ello es Jesús. Su Dios se preocupa siempre, en primer lugar, por los más desdichados, por los últimos.

Por otro lado, esto aparece ya en el AT. Amós es directo y no deja nada a la imaginación cuando pinta la vida disoluta de los ricos que “no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José”.

El salmista sabe bien que Dios, estando muy por encima de todos, permanece atento a los que más lo necesitan, y está pendiente de ellos: los sostiene, los cuida, vela por ellos y los auxilia. Rasgos que Jesús reproducirá fielmente y que ha de reflejar quien quiera seguirle.

El que se desentiende de un semejante sufriente, pudiendo auxiliarle, se deshumaniza. El que carga con su hermano se hace semejante a Dios y crece como persona, tanto cuanto se hinca en tierra para servirle.

Anónimo at: 24 septiembre, 2022 19:03 dijo...

Frente a la indiferencia, la compasión.

Entre la indiferencia y la compasión hay un abismo. La línea que las separa puede ser la distancia que nos separa del amor de Dios, ahora y siempre. Para reducirla, sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor, a tantos Lázaros con los que nos cruzamos cada día en nuestras vidas. Y empezar por ponerles nombre. Reconocerlos, darles su identidad. Lo que no se nombra, no existe.
Y corremos el peligro de alejarlos de nosotros, reduciéndolos a miembros de una categoría conceptual superior: pobreza, exclusión, inmigración… y tantas otras palabras con las que construimos la realidad.
Pero la vida son las personas, los encuentros y los vínculos que nos unen a ellas. Que ya vinieron a contárnoslo, que su Palabra sigue viva, que al final de todo, sólo quedará el Amor.