1ADVIENTO-A

sábado, 19 de noviembre de 2022
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4 comentarios:

Paco Echevarría at: 19 noviembre, 2022 17:13 dijo...

ESTAD EN VELA (Mt 24,37-44)

Comienza el Adviento con un texto inquietante por la meta a la que apunta: la Navidad. Es ésta la fiesta en la que los cristianos celebramos el nacimiento de Jesucristo y los textos de la liturgia apuntan a la necesidad de velar y prepararse debidamente porque su primera venida, anticipo de todas sus venidas, fue misteriosa, desconcertante e inquietante. Misteriosa por el significado que tiene para nosotros: es la presencia en el mundo de un Dios que, cuando quiso y porque quiso, decidió nacer, vivir y morir como hombre; desconcertante por la apariencia: se muestra de un modo pobre y humilde; e inquietante porque nos advirtió que volvería de muchas formas y corremos el peligro de no reconocerle.

Los textos evangélicos nos ponen en guardia ante el peligro de no ver al Señor que llega encarnado en aquellos que son su presencia viva en medio de nosotros. No en vano la última parte del discurso al que pertenece este texto recoge la parábola de los talentos –“¿Qué habéis hecho con los dones que os he entregado?”– y el juicio final –“Tuve hambre y me disteis de comer...”–. El Dios que vino en forma humana sigue saliendo, cada día, a nuestro encuentro y hace falta tener los ojos y los oídos bien abiertos para reconocerlo en un niño recostado en un pesebre. Esa es la llamada que se nos hace en este primer domingo. Se trata de despertar del letargo para que no nos ocurra como a los contemporáneos de Noé, que no supieron comprender el momento en que vivían. Porque de eso se trata: de descubrir el significado del momento presente. Lo que viene, no es un diluvio de muerte, sino una inundación de vida y de amor. El riesgo es no darse cuenta y permanecer atrapados en el temor.

El misterio para el que nos preparamos es el misterio original de cristianismo: el misterio de la Encarnación. Su importancia es tal que, sin él, no puede entenderse la idea de Dios que predicó y encarnó en su vida Jesucristo –el Eterno y Misericordioso que se reviste de humanidad y de humildad–, su idea de hombre –el mortal revestido de divinidad y de dignidad– y su visión de la existencia, de la historia y del mundo –el lugar en el que ese Dios humilde y ese hombre divinizado se encuentran como un padre y un hijo–.

Si los creyentes no somos capaces de reconocer al Señor que llega humildemente, revestido de miseria y hasta de pecado, entonces es que hemos olvidado las enseñanzas del Maestro. Si no somos capaces de escuchar su voz en la miseria de nuestro tiempo, tampoco la oiremos en la grandeza de los libros que la conservan. El evangelio de este primer domingo, cuando nos advierte de la necesidad de vigilar, no se refiere a que nos encerremos en las iglesias para escuchar sus hermosas palabras, sino a que salgamos a los caminos, a las calles y a las plazas para verle y oírle porque es ahí donde está gritando y donde quiere ser oído. Abrir bien los oídos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo a los que sufren, porque es Dios quien habla en ellos: esa es la llamada.

juan antonio at: 23 noviembre, 2022 10:01 dijo...

Iniciamos un nuevo año litúrgico y tenemos que recibirlo como un regalo de nuestro Padre Dios, que quiere que de nuevo reflexionemos, vivamos y encarnemos las enseñanzas del Hijo, con la fuerza del Espíritu, en nuestro caminar como cristianos.

Es un nuevo curso a desarrollar para alcanzar ese reconocimiento de Dios como único Dios y a su enviado Jesucristo.

Es un nuevo curso en esa licenciatura de nuestra vida de seguidor de Jesús en la que quizás y sin quizás, tengamos muchas asignaturas pendientes.

Las lecturas nos trae la llamada de Isaias a todos sin distinción a la paz en el Señor, la advertencia de Pablo a vivir el momento despertándonos del sopor y a la vida austera y las enseñanzas del evangelio sobre la pasividad y la alerta y vigilancia.

Podíamos decir que son lecturas que nos debe acompañar siempre, pues la vida del cristiano es la vida del contemplativo activo, como se nos pide en el Adviento, espera y esperanza, pero activos.

Activos en nuestra mirada para conocer a Jesús que llega en nuestra familia, a Jesús que llega en nuestros amigos, a Jesús que llega en los que te piden compañía y un rato de charla, a Jesús que que llega en los que nada tienen, a Jesús que llega en los que están bajo la opresión, las guerras……., sí, Jesús llega para todos y nos dice que estemos alertas y vigilantes, no por Él, sino por nosotros para que cuando llegue nos encuentre viviendo el momento presente como el último, siempre dispuestos como el siervo en la espera de su señor.

Para este tiempo S. Pablo nos da las pautas a seguir:
--Que nos demos cuenta del momento que vivimos, que no seamos unos pasotas más como en los tiempos de Noé que no advertían nada de lo que pasaban y pasaban, como hoy en día y miremos la prensa, escrita hablada, visualizada y nos encontraremos con toda clase de, no lo llamaría males, sino mas bien un relativismo sin par que nos lleva a lo peor, pues todo vale, todo es bueno porque es así, todo …… y luego todo no valía, ni todo era así porque sí.

-- Despertaros del sueño porque nuestra salvación está mas cerca: la rutina nos llena muchas veces y nos amodorra, hacemos las cosas por inercia, porque siempre han sido así pero no vivimos nuestra vida de Jesús, estamos amodorrado,

¡Despertaros del sueño!

--Vida austera: en nuestro comportamiento, en nuestros bienes, en ….. todo: si la austeridad hubiera sido hoy tal como el Apóstol la pedía a los romanos, nuestras actitudes en el seguimiento de Jesús serian más ligeras de “”cosas”” y más llena de todo lo “”interior”” y no al revés como puede que sea y lo digo a todos los niveles, personales y de cosas, en nuestras celebraciones y manifestaciones ¡qué lejos estamos de aquella borrica! Y mira que todos los años leemos y releemos lo que nos dicen los evangelios, pero nada, a vivir, hermanos y….

¡Qué pena! pero es así, “”….pagamos el diezmo de… pero olvidamos lo más importante, la misericordia, la justicia y la fe”” (Mt.23,23) .

No hagamos propósitos, ni listas de cosas a hacer, practiquemos el único mandamiento, “”amar, amar, y amar”” y en todo: “busquemos a Dios, a los hermanos y miremos un poco hacia adelante con alegría, porque ésta no tenemos que perderla aunque vengan tiempos recios de revisar nuestro estar en vela y alerta.

¡Gracias por todo, por tanto!

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Virgen de la Espera y de la Esperanza, ayúdanos a decir ¡AMEN!

Paco Pérez at: 24 noviembre, 2022 13:27 dijo...

ESPERANDO A JESÚS ESPERANZADOS
En la Navidad recordamos que nació Jesús y antes, durante cuatro semanas, debemos intentar mejorar el comportamiento para que cambien nuestros hábitos equivocados. A este tiempo de preparación le llamamos Adviento y, durante él, recordamos que la venida del Señor está próxima, trabajaremos para que se cumpla la voluntad de Dios y estaremos siempre vigilantes.
Lo enseñó Jesús y está en Mateo 24, 43: [Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.].
Por eso… ¿Con qué actitud debemos vivir durante estos días?
Cargados de esperanza pero sabiendo que si nos limitamos a esperar que Él actúe, y no colaboramos, el mundo no arreglará sus rotos y no lograremos cambiar lo que no funciona.
Vigilando de manera permanente nuestro entorno social, político y religioso para que sus influencias en la familia y en la comunidad nos hagan mejorar y no nos empobrezcan o deterioren.
Siendo justos e inconformistas siempre pues así estaremos en permanente revisión de lo personal y lo colectivo, con esa actitud podremos descubrir y denunciar las irregularidades que flotan en nuestro entorno y lo haremos con la sana intención de intentar corregir esas actuaciones equivocadas, incluida la nuestra.
Imitando a los profetas pues así aprenderemos que si viajamos al pasado descubriremos que en el entorno social de entonces, con las variantes que nos regala el paso de los años, también hubo problemas. Ellos, por esas realidades y movidos por el Señor, intervenían para pedirles que cambiaran. Luego, si nada es nuevo bajo las estrellas… ¿Por qué no escuchamos a quienes intentan guiarnos y cambiamos?
Isaías les habló del papel que desempeñaría el Templo de Jerusalén como centro espiritual del pueblo, que acudirían a él para dar gloria al Señor y a recibir sus enseñanzas, de la necesidad de cambiar la conducta y de cómo sería la convivencia si escuchaban. Les aconsejó caminar con justicia, teniendo compasión de quienes sufrían, siendo solidarios con los problemas ajenos y deponiendo las armas para que cesara la violencia y reinara la PAZ.
En nuestros días, para que esta propuesta se hiciera realidad, sería necesario que los países ricos dejaran de comerciar con los pobres para venderles armas y cobrarlas después explotando sus recursos naturales. Así los dejan empobrecidos y las personas son empujadas a migrar para buscar una vida digna en otros lugares, aunque saben qué peligros les esperan. Si el egoísmo humano no actuara así y los países desarrollados les ayudaran con proyectos que les permitieran vivir bien es posible que cesaran las GUERRAS y las MIGRACIONES. Si algún día cambian la PAZ será una realidad en el mundo y, además, con un coste más bajo que montando guerras.
Pablo les habló de la cercanía del Reino, de lo próxima que estaba la salvación y, para lograrla, les aconsejó que dejarán a un lado las acciones que condenan, que lucharan empleando la justicia y la verdad pero no las armas, comportándose con dignidad, no actuando con desenfreno y evitando la lucha.

Maite at: 24 noviembre, 2022 21:50 dijo...

Comenzamos el siempre bendito tiempo de Adviento, y en el primer domingo Jesús, en el evangelio, nos exhorta a permanecer en vela y preparados. La invitación no es nueva. Es una actitud del cristiano, un compromiso y una responsabilidad diaria para quien quiere seguir a Jesús y comparte su pasión por el Reino. Porque de eso se trata: de compartir sus sueños y esperanzas, de contagiarlos y de dejarse la vida para que se hagan realidad.

Pablo matizará aún más el mensaje: se trata de vestirnos de Jesucristo, de identificarnos con él. Para eso, nada mejor que conocerlo, empaparse de él, contemplarlo una y otra vez en los evangelios para hallarnos en todo, al decir de los santos, como si fuéramos él. Dejar que él viva en nosotros, que mire y toque con nuestros ojos y nuestras manos, que hable por nuestros labios; que siga pasando haciendo el bien, curando y liberando a todos, sirviendo y llevando paz y alegría. Y todo ello en medio de la oscuridad, las calamidades y los malos augurios; las desgracias, propias y ajenas, y las mil y una circunstancias de la vida, de toda vida.

La meta sigue siendo aquella a la que apunta el profeta: el monte del Señor, donde reinan la paz y la luz. Caminemos, pues, hacia allí.