DOM-34C

sábado, 12 de noviembre de 2022
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4 comentarios:

Paco Echevarría at: 12 noviembre, 2022 08:45 dijo...

LA UTOPÍA DEL REINO (Lc 23,35-43)

La predicación de Jesús se reducía a una sola cosa: “El reino de Dios está cerca”. No se refería, evidentemente, a que Dios iba a instaurar una teocracia sobre la tierra –“Mi reino no es de este mundo” dice en otro momento–, sino al cumplimiento de su voluntad, que no es otra que el bien del ser humano, su mejor creación, su obra más perfecta. Y habla así porque, en su tiempo –y en el nuestro– las cosas no eran de esa manera. La vida social estaba organizada de manera que entre los humanos no existía la armonía que el Creador había previsto: mal uso del poder por parte de las autoridades que, en vez de ocuparse de la defensa de los débiles, servían a sus intereses personales o de grupo; profundas diferencias sociales debido a que, mientras unos nadaban en la abundancia, otros se ahogaban en la miseria; marginación social y religiosa de quienes eran considerados indignos; desprecio del pobre o del enfermo como un ser olvidado de Dios; etc.

Él propone un modo de vivir alternativo en el que los que manden se dediquen al pueblo; en el que los fuertes empleen su fuerza en servir a los débiles; en el que nadie carezca de lo necesario porque los que poseen bienes no se dejan atrapar el corazón por ellos, sino que prefieren compartir; en el que nadie se sienta extraño porque todos tienen conciencia de que son hermanos, hijos del mismo Padre... Un mundo así es –a su juicio– un mundo feliz. Y no duda en decirlo abiertamente: “Dichosos los pobres de espíritu, dichosos los pacíficos, los misericordiosos...”.

Las bienaventuranzas constituyen el programa de vida de los ciudadanos de ese reino. La primera de ellas señala la actitud básica: la del pobre de espíritu, que no es sino aquel que sólo tiene un absoluto: Dios. Todo lo que el mundo busca y adora –riqueza, poder, fama, éxito...– no tiene para él ningún valor. Sólo es importante el amor, la verdad y la paz.

Evidentemente estamos ante la utopía. Nunca han sido así las cosas y dos mil años parecen un tiempo razonable para comprobar la eficacia y el realismo de su doctrina. Pero no se olvide que la utopía no es un imposible, sino un ideal –aún lejano– hacia el que se camina. Necesitamos la utopía para no ahogarnos en la desesperación. Esa es la fuerza de las palabras que el crucificado dirige a quien –crucificado con é– le suplica que no lo olvide: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Quien lucha por el ideal de un mundo más fraterno, más justo y más feliz puede ciertamente decir: “Estoy a las puertas del paraíso”. Porque cada esfuerzo que hace por el Reino es un paso hacia la utopía.

Tal vez sea éste el principal reto que se nos plantea a los creyentes en Jesucristo en los –todavía– umbrales del tercer milenio: creer en la utopía, construirla convencidos de que es posible, caminar hacia ella. En definitiva: darle una oportunidad real al Evangelio.

juan antonio at: 15 noviembre, 2022 09:19 dijo...

La liturgia nos propone en este último Domingo del año la fiesta de Cristo, Rey del Universo.
Jesús en su comparecencia ante Pilatos dijo que su Reino no era de este mundo, no lo es a la usanza de este mundo, pero está ya en este mundo y con la hoja en la mano, el Reino de Dios proclamado por Jesús es

“”como vida, como libertad, como gozo, como dignidad para cuantos se veían y eran vistos como indignos, como pecadores despreciables o endemoniados peligrosos.””

“”Esto tuvo que provocar un conflicto con los dirigentes””

Por aquello murió y por esto lo mataron.

El Reino de Dios no es extraño al hombre, a la humanidad, sino todo lo contrario, y lo dijo Jesús, el Reino de Dios está entre vosotros y efectivamente ese Reino lo tendremos en su plenitud más allá de nuestra vida terrenal, pero empieza aquí, de lo contrario, y no quiero decir un disparate, el Evangelio sería una falacia, pues la persona que llegue a la plenitud de la Vida, tiene que ser eso, persona y esa dignidad la tiene que disfrutar aquí, en este mundo en el que vivimos.

Todo esto nos lleva a que Cristo, es y tiene que ser el centro de nuestra vida, para vivir su Vida como hijos de Dios, no somos extraños, nos somos excluidos, sino amigos como nos llamó y llamado a una misión, hacer posible su Reino desde ya y como nos dice una cancioncilla, que he repetido otras veces,
“Me regalas el tiempo, la gracia, el trabajo, el descanso y la fe y me dices, construyes mi Reino y no temas, contigo estaré”

El Reino que tenemos que construir, es un Reino de verdad y vida, un Reino de santidad y gracia, un Reino de justicia, amor y paz, devolviendo a toda la humanidad la dignidad de Hijos de Dios, que por las circunstancias de la vida o con nuestra parte de responsabilidad, le haya sido arrebatada.

Vivamos teniendo a Jesucristo por centro de nuestra existencia, que todo nazca en Él y todo termine en Él, vino a servir y a que nosotros sirviéramos, a que hiciéramos lo que tenemos que hacer, como nos decía el martes pasado y por ello tenemos que interpelarnos cada día cual es la voluntad de Dios hoy para mi, que es los que Dios me pide hoy en la construcción de su Reino.

Cada uno hagamos nuestro discernimiento, partiendo de nuestras circunstancias, edad, disponibilidad, etc ……., pero siempre tendremos la oración y nuestro ofrecimiento personal: aquí estoy para hacer tu voluntad.

No debemos olvidar, como nos relata el Evangelio, que este Rey tiene por trono la Cruz, en la que murió tras la pasión para llegar a la resurrección, pero ese trono de la Cruz empezó en Belén y como seguidores suyos viviremos, “”con persecuciones”” que el tiempo nos ha enseñado que tiene muchas formas.

Recemos el himno de S. Pablo en la Carta a los Colosenses, dando gracias a Dios por la cercanía en Cristo Jesús y la fuerza del Espíritu.

Gracias Señor por todo, por tanto.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a decir ¡AMEN!

Maite at: 17 noviembre, 2022 22:48 dijo...

Sí, como bien apunta la hojilla esta semana, tenemos el evangelio que propone la Iglesia en esta solemnidad para no perder el norte. De otra forma, el título añadido al nombre de Jesús, Rey del Universo, flaco favor le hace.

Rey se empeñaron en llamarle quienes le crucificaron, y así lo escribieron para que constara, a modo de burla y escarnio, en lo alto de la cruz. Y en ello reparó aquel condenado crucificado con él, desecho y piltrafa humana, que osó pedirle que se acordara de él cuando llegara a su reino. Así, demostraba que, fascinado, de alguna manera por él, que pasaba por el mismo trance, intuía que después de superado el suplicio llegaría, sin duda alguna, a aquel reino, el suyo, del que se burlaban los judíos, y que nada tenía que ver con lo que ellos denominaban así. Y él también quería ir allí. Con Jesús.

Tal es el misterio y el milagro de la gracia, sin lógica ni relación causa-efecto aparente, pues dos hombres contemplaban lo mismo con los ojos del cuerpo, pero algo muy diferente veían con los del alma. Desde las palabras de Jesús al buen ladrón, ¿quién no desea escuchar lo mismo de sus labios en la última hora de su vida? Y cuántas teologías del mérito y el esfuerzo, de la correspondencia a la gracia y la buena disposición se caen a la altura del metro. Porque este no llegó a trabajar a la viña ni a última hora; le cayó el gordo sin comprar el décimo.

Pablo también habla de un reino. Uno muy lejos de aquel de David, el rey. Uno de luz, de paz, de amor y de perdón, al que estamos llamados. También había dicho algo acerca de que ya no vivía, que era Cristo quien vivía en él. Claro que, justo antes, aclaraba que estaba crucificado con Cristo. Como el buen ladrón.




Paco Pérez at: 19 noviembre, 2022 14:00 dijo...

CRISTO REY. SU REINO… ¿CÓMO LO ENTENDEMOS?
La predicación de Jesús los ilusionó y cambiaron. Cuando fue detenido, condenado y crucificado muchas personas quedaron confundidas… ¿Por qué?
Unos, porque creyeron que no se cumplieron las expectativas que Él les había despertado; otros, porque nunca lo apoyaron y aprovecharon lo ocurrido para ofenderlo y burlarse y algunos, lo negaron o se escondieron asustados pero, quienes sí comprendieron la verdad de sus palabras y acciones, estuvieron a su lado hasta el final.
El evangelio me recuerda una escena típica de la vida: Buscamos la sombra del árbol porque nos consuela y cuando se seca lo hacemos leña porque no valoramos la sombra que nos regaló… ¿Qué los empujó a tratarlo así?
En Lucas 23:3 encontramos el interrogatorio de Pilato:
[¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le respondió:
- Tú lo has dicho.].
Esta conversación inspiró el texto que le colocaron en la cruz: [INRI=Jesús nazareno, rey de los judíos].
En él pudo estar el origen del trato que le dieron pues no comprendían que un rey no se defendiera para evitar la cruz, esa realidad los llevó a burlarse de Él y sólo uno de los ladrones supo reconocerlo como Mesías y Rey.
Él predicó el Reino para todos pero no fue comprendido entonces y ahora tampoco pues algunos sólo se preocupan de ganarse la otra vida mirando hacia arriba con rezos y otros, los menos, son los que siguen su ejemplo porque sí han aprendido que el Reino está en medio de nosotros, una verdad tangible que sólo arrastra a quienes se lo imaginan curando a los enfermos, expulsando los demonios, consolando a los tristes, dando de comer a quienes tenían hambre… Lo hacía sin pretender beneficiarse de la sombra del árbol pues sólo deseaba que las personas vivieran con dignidad, sin sufrimiento y esperanzados en el más allá.
Los planes de Dios se cumplen cuando creemos, tenemos fe, damos continuidad a nuestros actos y empujamos para compartir el esfuerzo. Opino que el problema principal está en que tenemos el saldo de la fe bajo y, también, en que somos cómodos y egoístas. Cuando llegamos a este punto nos estancamos porque el camino es penoso y entonces nos buscamos otra forma más llevadera de viajar por el Reino… ¿Será suficiente el plan que cada persona se traza para presentarse ante el Padre?
Me planteo esta pregunta porque han pasado muchos años y los cristianos hemos avanzado poco en la comprensión del Reino, terrenal y celestial. Ocurre porque nos hemos acostumbrado a justificarnos con acciones que no nos comprometen, sólo son parches y no sirven ni para arreglar a diario los problemas propios ni los ajenos. Por eso me pregunto… ¿Puede servirnos de algo ser costaleros y después olvidarnos de la realidad del prójimo hasta el año próximo? ¿Qué hubiera dicho Jesús de estas celebraciones si no ayudamos al necesitado y sí gastamos un dineral en vestimentas, cohetería, música…?
Él buscaba que las prácticas religiosas judías no se sustentaran en las rutinas de la tradición y que fueran cambiando… ¿Está la nuestra libre de rutinas?
Un ejemplo lo encontramos en las tribus de Israel, éstas estaban enfrentadas y Dios escogió a David para que los guiara, aceptaron y modificaron sus posturas. Así es cómo deben actuar quienes dirigen los destinos de los pueblos, no anteponiendo sus intereses personales a los generales.
Según Pablo, las personas estaban en las tinieblas pero fueron rescatadas por Jesús para que conocieran la luz…
¡Vivió con nosotros y derramó su sangre para la redención y el perdón de nuestros pecados!
Así se cumplió su misión: Reconciliarnos para que viviéramos en paz.