DOM-19C

domingo, 3 de agosto de 2025
DESCARGAR

2 comentarios:

Paco Pérez at: 06 agosto, 2025 20:07 dijo...

LO PERECEDERO CONDENA, CONFIAR SALVA.
Los judíos que vivían fuera de su tierra tenían dificultades para conservar la fe por las influencias y presiones que recibían al vivir en minoría dentro de una comunidad cuyo pensamiento y cultura eran diferentes y porque, además, los humillaban y perseguían.
El Señor, conociendo estas injusticias, les ayudaba para que permanecieran unidos en la fe, anunciándoles su liberación y recordándoles que, a pesar de ello, nada quedaría sin ser juzgado por Él.
Hoy, la fe, también está presente pero la realidad es distinta, una cosa es hablar de ella y otra vivirla.
Abraham y su familia enseñan que tenerla es la esencia de la creencia, con ella el creyente no duda. Sara no tenía edad de engendrar, confió y tuvo a Isaac. Abraham fue probado, tenía que sacrificar a Isaac, confió y fue premiado.
Ellos tuvieron fe y obedecieron, murieron y no presenciaron el cumplimiento de las promesas que les hizo pero fueron acogidos en el Reino. Nosotros decimos tenerla pero cuando la adversidad nos visita dudamos y hasta nos atrevemos a encararnos con Él.
Pasaron los años, se manifestó Jesús y les comunicó que el Padre, con su generosidad infinita, nos da el Reino y, con ejemplos, les mostró el camino para alcanzarlo. Lo hizo enfrentando dos temas, la riqueza y la indigencia, y ponderando la honradez y la vigilancia, pero no lo interpretaron correctamente.
Seguimos actuando mal porque la ambición da prioridad a lo material, arrincona la honradez y la generosidad y nos impide vivir con responsabilidad ejerciendo nuestra profesión y en las relaciones con la comunidad.
Quienes durante años sólo se preocupan de trabajar y acumular, al presentárseles los achaques de la vejez, se ven desbordados, reflexionan y se preguntan… ¿Qué hemos hecho mal para estar ahora así?
No percatarse a tiempo de que luchar para conseguir un bienestar material no ayuda después a mejorar, que en cualquier momento los llamará el Padre y lo acumulado se quedará aquí pues a ese viaje se va sin equipaje.
Si practicamos este modelo de comportamiento desde siempre… ¿Por qué no rectificamos?
Porque la ausencia de fe nos impide valorar que siendo honrados y estando atentos y vigilantes podremos responder cuando se nos pidan cuentas y entonces estaremos junto al Padre.

{ Maite } at: 08 agosto, 2025 17:04 dijo...

UN TESORO INAGOTABLE
Sentirnos vacíos por dentro nos lleva a anhelar cosas, muchas cosas, para experimentar que algo nos llena. Es lo que tiene la posesión, que nos engaña haciéndonos creer que, si somos dueños de lo que sea, somos poderosos, dignos de crédito y afecto, influyentes. Y eso es extremadamente importante para nuestro ego, que solo busca crecer y desarrollarse a costa de la verdad sobre nosotros mismos.

Jesús nos muestra siempre el camino de la verdadera felicidad, aquí y ahora, en nuestro hoy de cada día. Y nos llama a ser conscientes de que, si queremos, podemos reconocer que tenemos un tesoro inagotable: el Padre nos ha dado el reino.

Esa convicción nos libera del ansia y el afán de llenarnos de lo que no sacia, ni nos lleva a la plenitud, ni a lo más auténtico de nuestro ser. Nos lleva a comprender que tenemos en la fe un tesoro inagotable, que requiere, eso sí, vigilancia esmerada, confianza y buenas dosis de esperanza.

Un tesoro exige una buena administración, y la conciencia de que es para compartir; de lo contrario se convierte en un veneno sutil que acaba consumiéndonos.

Un tesoro nos hace responsables y comprometidos, vigilantes, y marca el tono vital con que encaramos nuestra actividad, nuestras relaciones con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

Quien se sabe poseedor de un tesoro inagotable, que es siempre un regalo, vive desde la libertad y la ilusión, aun en medio de las tempestades, oscuridades e inseguridades de la vida. Sabe dónde está anclado su corazón.