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Estas hojillas, que podéis bajaros, nacieron en la Parroquia de San Pablo (Fuentepiña, barriada obrera de Huelva) y la siguen varios grupos desde hace años en su reflexión semanal. Queremos ofrecerlas desde la sencillez y el compromiso de seguir a Jesús de Nazaret.
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LA FUENTE DE LA DICHA (Jn 4,5-42)
La charla de Jesús con la samaritana junto al pozo de Sicar no sería sorprendente si no fuera porque, en la mentalidad de su tiempo, hablar con una mujer se consideraba cosa impropia de un hombre de respeto y grave pérdida de tiempo. Mucho más tratándose de una samaritana. Por eso ella se sorprende de que un judío le dirija la palabra. Pero no era Jesús hombre de “buenas costumbres”, sino de respeto y preocupación por las personas. Ésa es la primera enseñanza del relato: importa la gente y no en general y en abstracto, sino cada individuo. El que habla a las multitudes, no tiene reparos en emplear su tiempo y dedicar su atención personal a quienes, casual o intencionadamente, le encuentran. Y es que, el verdadero humanismo no es filosofía de libros y altos pensamientos, sino asunto de relación con las personas concretas en su situación. Es fácil hablar del ser humano. Lo complejo -y lo importante- es tratar a cada uno como un ser humano.
Y la conversación mantenida es toda una lección de cómo habla un maestro. La mujer va por agua para calmar su sed. Para Jesús, esa sed es sólo el signo de una sed más profunda: el ansia de felicidad. A la mujer le hace ver su error: busca en el pozo, fuera de su hogar, lo que sólo puede encontrar entrando en su verdadero hogar y descubriendo la fuente que allí mana. Poco a poco va llevando su atención al interior, al corazón, para enfrentarla con su verdadera desdicha hasta hacerle comprender que sólo dentro de sí podrá encontrar lo que inútilmente busca fuera.
Aparte de otras lecturas -acertadas y tal vez más importantes-, ésta es -al menos yo así lo creo- una lectura de gran actualidad. Porque -en nuestra cultura y en nuestra sociedad- buscamos, como la mujer de Samaría, la felicidad donde no se encuentra y no la buscamos donde verdaderamente está. Nos proponen toda clase de pozos en los que calmar la sed y cada uno se nos presenta como el mejor. Con la ilusión de alcanzar por fin la dicha, probamos cada nueva propuesta y, tras un tiempo de creer que lo habíamos conseguido, aparece otra nueva que nos seduce con la propaganda y corremos tras ella.
Mirar dentro, oír el corazón, buscar en el alma la respuesta a las preguntas, adentrarse en la quietud del propio espíritu... ése es el camino que Jesús propone a la mujer. Ella se resistió pues no comprendía el mensaje del Nazareno. Pero se dejó guiar por aquella voz y vio de cerca su herida -la del sentimiento-. Y debió resultar bien el viaje hacia su propio corazón porque, dice el relato, que volvió a la vida dejando abandonado junto al pozo su cántaro. Descubrir la fuente de la dicha en el interior es lo único que puede hacernos verdaderamente felices. Tratar de calmar esa sed en pozos extraños sólo es una ilusión que se disuelve cada amanecer.
LA PALABRA, EL AGUA QUE CALMA LA SED
En el desierto la vida es dura y esa realidad hizo que el pueblo protestara a Moisés y ofendiera al Señor al dudar que estuviera a su lado.
Moisés transmitió al Señor las quejas recibidas, Él les dio la solución y, al aplicarla, les demostró que las situaciones adversas que, a veces, padecemos son pruebas que debemos superar abordando el problema de frente y nunca dándole la espalda con protestas. Trabajar para mejorar lo que tenemos sí ayuda pero llorar no.
El encuentro de Jesús con la samaritana lo enseña… ¿Cómo?
Con su comportamiento perfecto con las personas, aunque no tuvieran buenas relaciones. A ella, samaritana, le sorprendió que un judío le pidiera ayuda pero Él apartó el problema y le afirmó, sin asperezas, que si ella le pidiera ayuda se la daría y que, además, sería de más relevancia que la que Él le había pedido.
Ella, por la respuesta recibida, comprendió que era alguien diferente, pensó que posiblemente fuera el Mesías anunciado y, dejándolo todo, se marchó para dar la noticia. Los samaritanos -al escucharla- acudieron, quedaron impresionados con sus enseñanzas y pidieron a Jesús que se quedara con ellos. Él aceptó, permaneció evangelizando dos días y dio frutos abundantes pues si al principio acudieron por la noticia de la señora cuando lo escucharon ya no tuvieron dudas de quién era.
Las personas aspiramos a ser acogidos por Dios al concluir nuestra etapa terrenal y, a veces, nos preguntamos… ¿Lo estamos haciendo bien o mal?
Pablo enseñó, para ayudarnos, que Jesús nos justificó por la fe ante Dios y ahora lo que debemos hacer es no perder la esperanza de ser acogidos… ¿Por qué?
Porque nos regaló la noticia de poder estar junto al Padre porque su amor fue derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos regaló cuando Jesús murió por nosotros. No obstante... ¿Estamos liberados de toda responsabilidad ya?
Jesús nos allanó el camino pero nosotros debemos recorrerlo cumpliendo sus propuestas
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