3º CUARESMA-A

domingo, 1 de marzo de 2026
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3 comentarios:

Paco Echevarría at: 01 marzo, 2026 12:44 dijo...

LA FUENTE DE LA DICHA (Jn 4,5-42)

La charla de Jesús con la samaritana junto al pozo de Sicar no sería sorprendente si no fuera porque, en la mentalidad de su tiempo, hablar con una mujer se consideraba cosa impropia de un hombre de respeto y grave pérdida de tiempo. Mucho más tratándose de una samaritana. Por eso ella se sorprende de que un judío le dirija la palabra. Pero no era Jesús hombre de “buenas costumbres”, sino de respeto y preocupación por las personas. Ésa es la primera enseñanza del relato: importa la gente y no en general y en abstracto, sino cada individuo. El que habla a las multitudes, no tiene reparos en emplear su tiempo y dedicar su atención personal a quienes, casual o intencionadamente, le encuentran. Y es que, el verdadero humanismo no es filosofía de libros y altos pensamientos, sino asunto de relación con las personas concretas en su situación. Es fácil hablar del ser humano. Lo complejo -y lo importante- es tratar a cada uno como un ser humano.

Y la conversación mantenida es toda una lección de cómo habla un maestro. La mujer va por agua para calmar su sed. Para Jesús, esa sed es sólo el signo de una sed más profunda: el ansia de felicidad. A la mujer le hace ver su error: busca en el pozo, fuera de su hogar, lo que sólo puede encontrar entrando en su verdadero hogar y descubriendo la fuente que allí mana. Poco a poco va llevando su atención al interior, al corazón, para enfrentarla con su verdadera desdicha hasta hacerle comprender que sólo dentro de sí podrá encontrar lo que inútilmente busca fuera.


Aparte de otras lecturas -acertadas y tal vez más importantes-, ésta es -al menos yo así lo creo- una lectura de gran actualidad. Porque -en nuestra cultura y en nuestra sociedad- buscamos, como la mujer de Samaría, la felicidad donde no se encuentra y no la buscamos donde verdaderamente está. Nos proponen toda clase de pozos en los que calmar la sed y cada uno se nos presenta como el mejor. Con la ilusión de alcanzar por fin la dicha, probamos cada nueva propuesta y, tras un tiempo de creer que lo habíamos conseguido, aparece otra nueva que nos seduce con la propaganda y corremos tras ella.

Mirar dentro, oír el corazón, buscar en el alma la respuesta a las preguntas, adentrarse en la quietud del propio espíritu... ése es el camino que Jesús propone a la mujer. Ella se resistió pues no comprendía el mensaje del Nazareno. Pero se dejó guiar por aquella voz y vio de cerca su herida -la del sentimiento-. Y debió resultar bien el viaje hacia su propio corazón porque, dice el relato, que volvió a la vida dejando abandonado junto al pozo su cántaro. Descubrir la fuente de la dicha en el interior es lo único que puede hacernos verdaderamente felices. Tratar de calmar esa sed en pozos extraños sólo es una ilusión que se disuelve cada amanecer.

Anónimo at: 03 marzo, 2026 18:30 dijo...

LA PALABRA, EL AGUA QUE CALMA LA SED
En el desierto la vida es dura y esa realidad hizo que el pueblo protestara a Moisés y ofendiera al Señor al dudar que estuviera a su lado.
Moisés transmitió al Señor las quejas recibidas, Él les dio la solución y, al aplicarla, les demostró que las situaciones adversas que, a veces, padecemos son pruebas que debemos superar abordando el problema de frente y nunca dándole la espalda con protestas. Trabajar para mejorar lo que tenemos sí ayuda pero llorar no.
El encuentro de Jesús con la samaritana lo enseña… ¿Cómo?
Con su comportamiento perfecto con las personas, aunque no tuvieran buenas relaciones. A ella, samaritana, le sorprendió que un judío le pidiera ayuda pero Él apartó el problema y le afirmó, sin asperezas, que si ella le pidiera ayuda se la daría y que, además, sería de más relevancia que la que Él le había pedido.
Ella, por la respuesta recibida, comprendió que era alguien diferente, pensó que posiblemente fuera el Mesías anunciado y, dejándolo todo, se marchó para dar la noticia. Los samaritanos -al escucharla- acudieron, quedaron impresionados con sus enseñanzas y pidieron a Jesús que se quedara con ellos. Él aceptó, permaneció evangelizando dos días y dio frutos abundantes pues si al principio acudieron por la noticia de la señora cuando lo escucharon ya no tuvieron dudas de quién era.
Las personas aspiramos a ser acogidos por Dios al concluir nuestra etapa terrenal y, a veces, nos preguntamos… ¿Lo estamos haciendo bien o mal?
Pablo enseñó, para ayudarnos, que Jesús nos justificó por la fe ante Dios y ahora lo que debemos hacer es no perder la esperanza de ser acogidos… ¿Por qué?
Porque nos regaló la noticia de poder estar junto al Padre porque su amor fue derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos regaló cuando Jesús murió por nosotros. No obstante... ¿Estamos liberados de toda responsabilidad ya?
Jesús nos allanó el camino pero nosotros debemos recorrerlo cumpliendo sus propuestas

{ Maite } at: 04 marzo, 2026 12:14 dijo...

CONVERSACIONES EN EL ESPÍRITU
El relato que Juan compone para enseñar que Jesús es el agua viva es bellísimo. El encuentro con la samaritana, tan rico en matices, complejo y denso, profundamente humano y enternecedor nos conmueve. Nos asomamos a un encuentro insospechado y sorprendente, por sus protagonistas y por sus circunstancias. Jesús está cansado, e incluso sus discípulos se extrañan de que hable con una mujer. Y qué mujer. Se ha sentado junto a un pozo, y no cualquier pozo. La falta de normalidad por la sospecha de desviación religiosa, de sensibilidad, de costumbres, de cultura, hace más que probable un desencuentro sonado.

Jesús, sin embargo, al más puro estilo sinodal de caminar juntos, en el hermoso marco de conversaciones en el Espíritu en busca de la voluntad de Dios, conduce a la mujer a la experiencia de una sed diferente, al anhelo hondo de un surtidor de agua que la habite y conforte desde dentro, al ansia de una vida alejada de la mentira y la doblez.

La samaritana sin nombre, identificada por su origen despreciado y despreciable, que acudía al pozo con su cántaro vacío y una vida tan vacía como él, sin expectativas espirituales de ningún tipo, encuentra a un hombre que le manifiesta una necesidad vital que no se puede desatender. Es una mujer, una cuidadora en potencia desde su más honda constitución, y además siente y expresa la curiosidad propia de quien no se deja llevar por la vergüenza ni los convencionalismos sociales, porque hace tiempo que la perdió, y los otros no le importan demasiado.

Pero Jesús, en su abajarse característico, lleva hábilmente la conversación y el encuentro por derroteros de búsqueda fundamental, partiendo, incluso, de las diferencias. Y, sin negar estas ni cuestionarlas, reconduce las tinieblas de una situación larga y problemática hacia la luz que brilla más allá de todo desencuentro y convicción falsa. De esta manera, desde la honestidad más contundente y la calidez de un amigo que acompaña y estimula, hace de la mujer una adoradora en espíritu y en verdad, y un apóstol entre los suyos, que es lo más difícil.

Pocas cosas son más de agradecer que una amiga, o amigo, que sepa entablar conversaciones de otro tipo; de esas que hacen nacer en nosotros un hambre y una sed diferentes, que nos encienden por dentro y hacen de nosotros personas de fuego y esperanza.