4º CUARESMA-A

domingo, 8 de marzo de 2026
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3 comentarios:

Paco Echevarría at: 09 marzo, 2026 10:25 dijo...

DE CIEGOS Y CEGUERAS (Jn 9,1-41)

El relato del ciego de nacimiento nos ofrece la oportunidad de reflexionar, una vez más, sobre las cegueras que padecemos los humanos. La primera es la de los discípulos de Jesús: ven la realidad a través de prejuicios, la interpretan a partir de presupuestos equivocados. Al ver la desgracia ajena, se preguntan qué pecado la ha ocasionado. Es como si el sufrimiento y el infortunio fuera siempre un castigo. Dado que Dios es justo, la responsabilidad tiene que ser necesariamente humana. Jesús rechaza ese planteamiento y viene a decir que no se puede salvar el honor de Dios a costa del honor del hombre. La desgracia es consecuencia de la limitación humana y, si se mira con ojos de fe, puede verse en él una ocasión de misericordia.

Luego está la ceguera del ciego: está atrapado en sus propias tinieblas interiores. Es la ceguera de la víctima y consiste en que se le impone algún tipo de mal o de maldad y se le impide ver la realidad con objetividad. En estos casos es necesaria una ayuda adecuada que arranque la venda de los ojos, cosa que no es posible sin comprometerse, sin mancharse los dedos de barro.

La tercera ceguera es la de los fariseos. Es la más terrible porque quien la padece no es consciente de ella. Son videntes ciegos que niegan la realidad cuando las cosas no se adecuan a su mentalidad o a sus intereses. Si se encuentran con el milagro, buscarán un diablo al que atribuírselo con tal de no revisar sus planteamientos. Y es que la ceguera de la mente es muy difícil de reconocer y de curar. Y lo que es peor: para justificarse ante sí mismos pretenden imponerla a los demás. Es la postura del fanático que siempre trasluce una radical inseguridad. Los hombres verdaderamente convencidos proponen su pensamiento, mientras que los que dudan de sus propias convicciones tratan de imponerlo. Por eso es tan descorazonadora la figura de un hombre insultando, despreciando o atacando a quien piensa, siente o vive de otra manera.

La cuarta ceguera es la de los familiares. No quieren complicaciones y, por eso, ante la evidencia evitan tomar postura. Es la ceguera que brota del miedo e impide el compromiso. Para estos ciegos vale más la propia seguridad y los propios intereses que la verdad por muy clara que ésta sea. Prefieren vivir instalados en su mediocridad ignorando que sólo la verdad libera del miedo.

Frente a estas cuatro cegueras está la luz que viene de lo alto y disipa las tinieblas que bloquean al hombre. Como el agua de la samaritana, esa luz se instala en el interior y da brillo a todo el ser. No pierdo la esperanza de que pronto amanezca un mundo libre de cegueras, con hombres de mente abierta, tolerante y respetuosa, donde las diferencias sean riqueza y no peligro y la diversidad, el único modo de ver la realidad completa.

Paco Pérez at: 10 marzo, 2026 16:42 dijo...

LUZ Y OSCURIDAD… ¿POR QUÉ CAMINO TRANSITO?
El Señor, desde siempre, nos ayuda a caminar pero… ¿Lo percibimos?
Ocurrió cuando encargó a Samuel la misión de visitar la casa de Jesé para elegir como rey a uno de sus hijos. Al visitarlo le comunicó el motivo y él se los presentó para que eligiera. Como valoraba mucho el físico de los jóvenes Él le comunicó que estaba cometiendo el error de hacerlo según las apariencias externas y no cómo eran interiormente, lo que sí vale.
Comprendió el mensaje, le preguntó si quedaba alguno más, Jesé mandó traer al pequeño y, al entrar, todos supieron que David era el elegido.
También lo hace con nosotros cuando nos necesita porque, aunque no seamos genios, las respuestas que daremos mostrarán mejor a la sociedad que Dios ayuda a quienes trabajan por el Reino con rectitud.
Con la curación del ciego empujó a las personas a plantearse preguntas que no se hicieron antes… ¿Por qué?
Porque Dios deseaba que descubrieran la condición divina de Jesús al mostrarles la grandeza de su acción sanadora, curar al ciego; que valoraran lo importante que fue ayudar al necesitado, aunque fuera sábado, y que comprendieran que la rigidez en el cumplimiento de los preceptos y las prácticas religiosas no son obra del Padre.
Ellos no vieron en Jesús lo que el ciego sí descubrió por la magnitud de su curación… ¡Era un profeta!
Ocurrió porque se fijaban en lo tangible, que el milagro lo había hecho en sábado, pero no comprendieron que Jesús dio prioridad a lo más importante, ayudar al necesitado, porque hacerlo tenía más valor que respetar el precepto.
Pablo nos mostró la realidad con un enfrentamiento entre la luz, los que intentan vivir practicando el ejemplo de Jesús, y las tinieblas, quienes prefieren el mal con la intención ruin de obtener ventajas.
Los primeros son bondadosos, justos y verdaderos pero los segundos necesitan caminar por la oscuridad en sus relaciones sociales para alcanzar sus ambiciosos e injustos proyectos.
¿Qué debemos hacer?
Ser coherentes y valientes defendiendo la verdad para que la luz triunfe, el mal desaparezca y la sociedad, una vez liberada de la oscuridad, pueda elegir el camino que da sentido a la vida en todos sus ámbitos.

{ Maite } at: 13 marzo, 2026 23:28 dijo...

SER LUZ
Con la curación del ciego de nacimiento Juan presenta a Jesús como luz del mundo. Y todo el bellísimo relato que narra con tanto detalle nos hace ver, además, cómo hay muchos ciegos que creen ver, y otros que se creen ciegos, y ven. Que es una gracia recibir la luz de los ojos, y otra, aún mayor, recibir la luz de la fe en Jesús.

También, cómo el miedo puede no solo paralizar, sino también cegar. El miedo aleja de la luz e introduce en el peligroso mundo de las tinieblas, esas que rechazan la luz.

Acercarse a la luz y acogerla supone adentrarse en lo más hondo de uno mismo, descubrir cuántas zonas de sombras nos habitan, hasta dónde la oscuridad ha extendido sus tentáculos y se ha adueñado de gran parte de nosotros. Y supone, también, comprender que cualquier luz, por pequeña que sea, ya ha comenzado a destruirla. Solo tenemos que empeñarnos en mantenerla encendida e irá ganando terreno inexorablemente.

Experimentar a Jesús como la luz de mi vida y acogerlo así, me hará descubrir que yo misma soy luz. Que, en el más profundo centro de mí, que diría San Juan de la Cruz, soy luz. Solo tengo que ir dejando que alumbre.
Desde mi ser de luz, tendré una mirada nueva para todo. Aprenderé que, más que ver, necesito y puedo mirar. Pero de otra manera. Una mirada contemplativa que me permita ver la realidad de las cosas y, sobre todo, dónde está Dios ahí. A descubrir su presencia en todo, alentando, insuflando vida, esperanza y amor.

Ser luz me comprometerá a buscar toda bondad, justicia y verdad, al decir de Pablo, allí donde se desenvuelve mi vida cotidiana. Y a denunciar cuando estas son pisoteadas y saboteadas a mi alrededor. Para seguir alumbrando.
La luz que hay en mí me llevará por caminos de entrega y servicio a los demás; de cuidado y amparo, como hace el pastor con sus ovejas. Y donde vaya, seré luz, viviré en la luz; y Jesús y yo seremos una sola cosa.